Entonces digamos que todo va bien,
sigamos caminando juntitos, sonriendo como idiotas.
Digamos que fluimos...
como el agua del río,
o !no! mejor digámosles que el próximo año pretendemos estar comprometidos;
tus padres estarán orgullosos de que te hagas un hombre serio,
los míos confiados en que el hombre serio me regale zapatos en medio del tedio.
Tranquilo, que nos vemos bien de la mano
caminando por la alameda o el paraíso más profano.
Tú bien empaquetadito, con un bestón oscuro y un maletín,
olvidando las roñosas alpargatas que usabas cuando aún me hacías reír.
Yo, con un par de libros bajo el brazo que hablan de la libertad,
te regalo una mirada lastimera cuando decides hacia otro lado miar.
Cariño mío, ya dejemos ésta necedad
que no somos los mismos hace varios años ya.
Tú extrañas algo de tu soledad,
yo pretendo que me dejes de amar,
tú quieres que te deje de ignorar,
yo no quiero de tu voz más escuchar.
domingo, 6 de noviembre de 2011
miércoles, 26 de octubre de 2011
2.54
Dónde quedan entonces, vida mía, vida pasada,
hacia dónde se han arrancado nuestros gratos días, nuestras exageradas risotadas.
Si exististe un día, cariño mío, dónde has quedado
Si viniste una tarde a lloviznar sobre mi recuerdo,
dime por qué ahora te quedas aislado,
enséñame cómo te entiendo ahora en el ayer recostado.
Una canción que nunca has escuchado,
tu nombre retumba sobre mi pecho anclado,
me recuerda tu días calmado,
tus tiempos de locura,
que disidí yo acompañar de mi ternura.
Déjame contarte que hace años que no lloro,
que hace milenios que no se me arranca el corazón del pecho,
que la lógica me había acompañado hasta que llegaste,
con el pelo mojado y un brindis bajo el brazo.
Te confieso, sin miedo,
que estuviste a un par de roces de volverme contra el mundo,
a punto de empujarme hasta el dolor más agudo;
ya no te agradezco tu cuidado,
tu cuidado fue pura racionalidad que antes habías abolido,
éste fue tu primer error,
y el mío fue entenderlo como una virtud.
Habrías pasado al amor si sólo me hubieras engañado,
si sólo me hubieras engatusado,
si sólo me hubieras de llanto cargado.
Me habrías vuelto vida con un final moribundo,
me habrías hecho amarte dejándome la conciencia derretida,
me habrías calmado esta hambre de dolor
y hubieras seguido tu línea de dejar de pensar.
Pero no, decidiste irte por la buenas,
por las aburridas,
por las monótonas,
por las calladas;
dejándome la ilusión que había puesto en ti a un paso del abismo,
a un paso del olvido,
entre la inercia más rutinaria,
destruiste los cimientos de lo que pretendía ser un gran amor,
destruiste las ambiciones de lo que pudo ser mi gran dolor,
me dejaste, de nuevo, con los ojos secos y una mueca sin importancia.
Hombre grato, alegre y sincero
emprende de nuevo hacia mí el vuelo,
manoseame el alma,
lléname de virtud,
ahógame de alegría,
a la ilusión, de nuevo, dale vida...
Y luego déjame
de una bofetada samarréame el espíritu,
tómame por las costillas, pero ésta vez, para empujarme al suelo,
hásme detestarte como al peor de los homicidas,
hásme despertar con los ojos hinchados,
róbame las ganas de seguir respirando,
dame dolor,
dame angustia
y la peor de las intrigas.
Hásme ver que aún puedo llorar,
que aún puedo amar,
que aún puedo odiar,
que el cielo se nubla ante el desamparo,
que el pecho se aprieta ante el miedo,
que la felicidad está sólo en tu recuerdo,
déjame sentir que sola ya me pierdo.
hacia dónde se han arrancado nuestros gratos días, nuestras exageradas risotadas.
Si exististe un día, cariño mío, dónde has quedado
Si viniste una tarde a lloviznar sobre mi recuerdo,
dime por qué ahora te quedas aislado,
enséñame cómo te entiendo ahora en el ayer recostado.
Una canción que nunca has escuchado,
tu nombre retumba sobre mi pecho anclado,
me recuerda tu días calmado,
tus tiempos de locura,
que disidí yo acompañar de mi ternura.
Déjame contarte que hace años que no lloro,
que hace milenios que no se me arranca el corazón del pecho,
que la lógica me había acompañado hasta que llegaste,
con el pelo mojado y un brindis bajo el brazo.
Te confieso, sin miedo,
que estuviste a un par de roces de volverme contra el mundo,
a punto de empujarme hasta el dolor más agudo;
ya no te agradezco tu cuidado,
tu cuidado fue pura racionalidad que antes habías abolido,
éste fue tu primer error,
y el mío fue entenderlo como una virtud.
Habrías pasado al amor si sólo me hubieras engañado,
si sólo me hubieras engatusado,
si sólo me hubieras de llanto cargado.
Me habrías vuelto vida con un final moribundo,
me habrías hecho amarte dejándome la conciencia derretida,
me habrías calmado esta hambre de dolor
y hubieras seguido tu línea de dejar de pensar.
Pero no, decidiste irte por la buenas,
por las aburridas,
por las monótonas,
por las calladas;
dejándome la ilusión que había puesto en ti a un paso del abismo,
a un paso del olvido,
entre la inercia más rutinaria,
destruiste los cimientos de lo que pretendía ser un gran amor,
destruiste las ambiciones de lo que pudo ser mi gran dolor,
me dejaste, de nuevo, con los ojos secos y una mueca sin importancia.
Hombre grato, alegre y sincero
emprende de nuevo hacia mí el vuelo,
manoseame el alma,
lléname de virtud,
ahógame de alegría,
a la ilusión, de nuevo, dale vida...
Y luego déjame
de una bofetada samarréame el espíritu,
tómame por las costillas, pero ésta vez, para empujarme al suelo,
hásme detestarte como al peor de los homicidas,
hásme despertar con los ojos hinchados,
róbame las ganas de seguir respirando,
dame dolor,
dame angustia
y la peor de las intrigas.
Hásme ver que aún puedo llorar,
que aún puedo amar,
que aún puedo odiar,
que el cielo se nubla ante el desamparo,
que el pecho se aprieta ante el miedo,
que la felicidad está sólo en tu recuerdo,
déjame sentir que sola ya me pierdo.
miércoles, 24 de agosto de 2011
Yo, que cada vez suelto decenas de sonrisas gratuitas
me he hundido hoy día en el egoísmo más repulsivo
y me pregunto si ellas debieran, un día de estos, poseer algún precio,
me intrigo pensando si su gratuidad debiera tomar lugar siempre,
si cada contacto merece que los pómulos se me levanten,
o si, a veces, debiera arrancarme la gracia de un manotazo.
Recuerdo, claro, el sonido de un abrumado violín,
chillando, rabioso, lastimero, sin voz,
no porque no la posea, sino porque él, como nadie, no la necesita
ha perdido las piernas, las extraña, se le derrumban las ganas, no tiene miedo, es libre, vive su herida
la cree su último suspiro y pretende hacerse escuchar entre una resignada huida.
Él cree en la muerte, en los puntos finales,
los vive, recuerda, saborea su amargo declive,
entiende las despedidas, pero las aborrece,
quiere liquidaras, mas sólo le van sobrando las energías de gritarse,
apretarse las cuerdas, desordenarse en la delicadeza más moribunda,
se sabe derrotado, y no le importa el mañana, sólo palpa su soledad profunda.
Lo tuve entre mis brazos, lo recuerdo entre burlas y vergüenzas brutas,
él me hablaba de la tristeza, yo no lo comprendía,
él me enseñaba sobre la no comprensión,
él no quería ser entendido, quería desechar la razón,
él quería soltar el alarido más rebelde,
ese que no le interesa el trabajo de la mente,
no quería ser un intelectual,
ni serio, ni especial,
quería morir entre un sonido que valiera por ser el último,
sin temores, ni reprimido,
ya no creía compañía,
quería llevarme a una habitación oscura, si saber quién mierda es Paulina,
sin morbo, pretendía que yo oyera sus delirios,
su dolor álgido y desesperado,
pero él terminó hundido entre mis huellas,
le monsee el alma para que gritara mis letras,
no las entendió, y no le importó,
sabía bien que yo, como él, no quería explicar,
sabía bien que yo, como él, sólo quería dejar brotar las lágrimas que él se vería obligado a saborear,
sabía que no quería ser consolada, que nada más esperaba que se diera el trabajo de verme abatida,
que me sintiera empuñar las manos, como queriendo que el dolor no se me arrancara de entre los dedos,
que me sintiera empuñar las manos, como queriendo que el dolor no se me arrancara de entre los dedos,
yo quería que él sintiera que me tiembla el alma hoy día,
que ya no le temía,
porque, por esa única vez, seguíamos siendo sólo nos dos en esa habitación vacía,
donde las cuerdas de mi torpe voz eran abolidas,
porque para eso esta él ahí,
para sonar por mí,
para enfriarse conmigo, para morir conmigo,
desinteresado, querías correr conmigo,
rápido, ágil e impulsivo.
A mi triste violín,
no lo he vuelto a oír,
pero él era de esos que no necesitan volver,
de esos que dejan una cicatriz inborrable, imposible de perder,
sí, pueden haber pasado ya diez años desde que no me ha vuelto a ver caer,
pero no importa, ya ha pasado por mi vida,
me ha dejado el recuerdo y la sabiduría,
creemos, juntos, sí siempre juntos, que la muerte existe,
que los puntos finales gritan su caída dejando ecos en medio del pecho,
que merece la pena ser libre en medio de la habitación oscura de las desdichas,
que merece la pena dejar de pensar en mañana,
que hay días en los que no espero que salga el sol,
ni me interesa su cínica luz,
y el optimismo es una reverenda huevada cuando se debe chillar sin norte ni sur.
domingo, 17 de julio de 2011
2.45 y 3.00
Sólo por el egoísmo humano que me inunda esta vez.
Cosas no tan banales...
1.60 de huesos, piel, tripas, uñas, nudillos, vellos y ojos mentirosos que quisieron ser negros, ocultos en un café discreto.
Mujer hasta le médula, hembra temperamental, hija de la pasión y chillona de libertad,
suelto orgasmos hasta por aquello que pudiera parecer más normal.
Amante, sí, de las letras ajenas y, por esta vez y por muchas más, de las mías.
Detesto el silencio, al soledad, la ausencia de amor.
Viciosa del tabaco y tragos embriagados de risas animadas, de esas que salen el pecho, que hacen bailar mi abdomen y zapatear los pies.
Creo en las multitudes, en el sudor y hambre de los míos,
en el llanto más ahogado, en el dolor que estrangula el alma, que desgarra el espíritu, que deja que las costillas se abran de par en par para dejar salir la verdad ensangrentada y gritona.
Entiendo la vida como un viaje de ida, cada respiro como una oportunidad de ser un suspiro, todo paso como un disfrute y una ambición por dejar huella; en la tierra, en el cemento, en el barro, en el viento y , con algo de suerte, en algunas vidas.
Temerosa de la paz, de la rutina y del hastío... de la mentira, de las armas, de la incertidumbre y del rechazo emborrachado de fracaso.
No creo en lo individual, porque en mí viven las decenas de almas que han formado y he dejado amar. Esas que abrazo, huelo, aprieto y muerdo para sentirlas aún más mías, esas que me cuelgan una sonrisa en la cara con casa roce, o me hacen brotar las lágrimas más crudas.
Por esas almas he decidido viajar, para bañarme de ellas sin censura, con ellas olvido los protocolos y me dejo al desnudo, vestida de garabatos, miradas cómplices, chistes, enojos, gritos, aplausos y abusos.
Tengo, ese par de kilos de más, manos hechas para sentir, pies gorditos, un alma que se arranca del cuerpo a penas haya la oportunidad, muslos anchos, una niñita munúscula y regalona que decide aparecerse seguido, una sonrisa atractiva, una vulnerabilidad inapagable, el obligo perforado, una inseguridad escondida entre lo más recóndito, una cintura breve, alegría rebosante, la piel morena, la ironía más hiriente, los sueños de prioridad, la locura por la libertad, una entrega maternal y, entre mil huevadas amadas y odiadas más, tengo amor; uno invasivo, verdadero, fugaz y hambriento.
Cosas no tan banales...
1.60 de huesos, piel, tripas, uñas, nudillos, vellos y ojos mentirosos que quisieron ser negros, ocultos en un café discreto.
Mujer hasta le médula, hembra temperamental, hija de la pasión y chillona de libertad,
suelto orgasmos hasta por aquello que pudiera parecer más normal.
Amante, sí, de las letras ajenas y, por esta vez y por muchas más, de las mías.
Detesto el silencio, al soledad, la ausencia de amor.
Viciosa del tabaco y tragos embriagados de risas animadas, de esas que salen el pecho, que hacen bailar mi abdomen y zapatear los pies.
Creo en las multitudes, en el sudor y hambre de los míos,
en el llanto más ahogado, en el dolor que estrangula el alma, que desgarra el espíritu, que deja que las costillas se abran de par en par para dejar salir la verdad ensangrentada y gritona.
Entiendo la vida como un viaje de ida, cada respiro como una oportunidad de ser un suspiro, todo paso como un disfrute y una ambición por dejar huella; en la tierra, en el cemento, en el barro, en el viento y , con algo de suerte, en algunas vidas.
Temerosa de la paz, de la rutina y del hastío... de la mentira, de las armas, de la incertidumbre y del rechazo emborrachado de fracaso.
No creo en lo individual, porque en mí viven las decenas de almas que han formado y he dejado amar. Esas que abrazo, huelo, aprieto y muerdo para sentirlas aún más mías, esas que me cuelgan una sonrisa en la cara con casa roce, o me hacen brotar las lágrimas más crudas.
Por esas almas he decidido viajar, para bañarme de ellas sin censura, con ellas olvido los protocolos y me dejo al desnudo, vestida de garabatos, miradas cómplices, chistes, enojos, gritos, aplausos y abusos.
Tengo, ese par de kilos de más, manos hechas para sentir, pies gorditos, un alma que se arranca del cuerpo a penas haya la oportunidad, muslos anchos, una niñita munúscula y regalona que decide aparecerse seguido, una sonrisa atractiva, una vulnerabilidad inapagable, el obligo perforado, una inseguridad escondida entre lo más recóndito, una cintura breve, alegría rebosante, la piel morena, la ironía más hiriente, los sueños de prioridad, la locura por la libertad, una entrega maternal y, entre mil huevadas amadas y odiadas más, tengo amor; uno invasivo, verdadero, fugaz y hambriento.
domingo, 10 de julio de 2011
"Esperanza, no tenía más que el nombre."
La penumbra me ha querido esta noche consumida
Me he arremangado las ropas para escribirle y dedicarle esta noche a la recién pasada
Me he desnudado para que me vista un cigarrillo sin procedencia
He querido, esta vez y nuevamente, que la noche y su frío me abrigue
Tengo una pierna recogida, la otra erguida, el brazo y la mano izquierda entregada a un colchón usado entre torpes calenturas y jugueteos inocentes, el brazo y la mano derecha encogidos sobre uno de mis pechos, con el peligro latente de ser quemado por el cigarrillo que me viste.
Esta madrugada no tengo quién abrigue si el perfume sigue detrás de mi oreja
quien me abrigue en un abrazo rasguñado
quien no le tema a mis locuras.
Tengo las cicatrices de besos bien dados,
tengo los places de estirar mi espalda y verme las venas recalcadas en las muñecas,
tengo las palmas sudadas, donde el pulso vivo de mis veinte años expulsa sangre hacia mis letras.
Pero, más que todo aquello, me tengo viéndome los temores
viéndome sin verdades nítidas,
extrañándome,
aborreciéndome,
antojada de tranquilidad,
de libertad,
de locura,
de mentira,
de compañía.
Extrañándote, sin querer verte.
temiéndote, metiéndote en mis noches, y tardes, y mañanas
besándote en el recuerdo que no me satisface.
llamándote a gritos, desde una garganta cansada y mutilada por el fiel cigarrillo que me viste y desviste sin preguntas.
Me he emborrachado de nuestros besos.
Me he mareado de nicotina
te he esperado detrás de una cortina
he escuchado al silencio,
el cigarro ha decidido fundirse,
me ha abandonado y yo a él.
Me he arremangado las ropas para escribirle y dedicarle esta noche a la recién pasada
Me he desnudado para que me vista un cigarrillo sin procedencia
He querido, esta vez y nuevamente, que la noche y su frío me abrigue
Tengo una pierna recogida, la otra erguida, el brazo y la mano izquierda entregada a un colchón usado entre torpes calenturas y jugueteos inocentes, el brazo y la mano derecha encogidos sobre uno de mis pechos, con el peligro latente de ser quemado por el cigarrillo que me viste.
Esta madrugada no tengo quién abrigue si el perfume sigue detrás de mi oreja
quien me abrigue en un abrazo rasguñado
quien no le tema a mis locuras.
Tengo las cicatrices de besos bien dados,
tengo los places de estirar mi espalda y verme las venas recalcadas en las muñecas,
tengo las palmas sudadas, donde el pulso vivo de mis veinte años expulsa sangre hacia mis letras.
Pero, más que todo aquello, me tengo viéndome los temores
viéndome sin verdades nítidas,
extrañándome,
aborreciéndome,
antojada de tranquilidad,
de libertad,
de locura,
de mentira,
de compañía.
Extrañándote, sin querer verte.
temiéndote, metiéndote en mis noches, y tardes, y mañanas
besándote en el recuerdo que no me satisface.
llamándote a gritos, desde una garganta cansada y mutilada por el fiel cigarrillo que me viste y desviste sin preguntas.
Me he emborrachado de nuestros besos.
Me he mareado de nicotina
te he esperado detrás de una cortina
he escuchado al silencio,
el cigarro ha decidido fundirse,
me ha abandonado y yo a él.
viernes, 24 de junio de 2011
0.56
Mientras que lo numérico siempre me ha importado un mierda,
recuerdo perfectamente lo primero que noté en ti...
algo de ternura y alegría rebosante saltando entre medio del brillo de tus ojos...
Mientras que te hablaba y me dejaba en la desnudez más exquisita,
hombre, me haz visto tal y como soy,
sin máscaras,
sin fingir,
sin ataduras valóricas,
sin moralidades rutinarias,
sin vidas falsas,
sin cariños ahogados,
pero con abusivo morbo.
Mientras que te dejaba pasear tus deditos por mi cintura,
cerraba los ojos, mordiéndome la boca,
deseando la pura verdad,
chillando por algo de realidad celestial,
encarnando rasguños que dejaran alguna huella, si quieres, borrable.
Mientras que me comías la boca, la lengua, la vida, el pasado, la ira, el engaño, la mentira, la mirada complaciente, el cariño. Querías tocar mi pecho, mi ombligo, mis pernas, mis manos, mi vida, mi ahora, mi alegría, mi siceridad, mi ojeada cariñosamente picara.
Te pretendías hundir en mis palabras, hacerlas tuyas, parafracearme, imponerte en mi vida sin vida y volverla móvil, emborracharla de risas y caricias cálidas.
Mientras que, en cierto minuto, la noche me habló de tu pasado,
de un par de imágenes colgadas en la pared,
de un amor inamovible,
de un rostro dulce que te hizo y hace sonreír,
de un recuerdo presente en el que yo, patudamente, me interponía.
Mientras que la cordura me gritaba al oído,
yo seguí abusando de tu tiempo, de tus besos, de tus bromas, de tus carcajadas, de tus manos que si quieren pueden enredarse entre las mías.
Pues aquí me tienes, chiquillo desordenado, soñador, hijo de tus ideales, viajero atolondrado, caminante esclavo del guitarreo, amante de la libertad, amante del amor, amante del destino no escrito.
Mientras que veo como aquellos que me han profesado y prometido felicidad banal se alejan ya de nosotros,
te propongo la incertidumbre,
la sorpresa,
la verdad,
mi tierna mirada temerosa,
mi risa constante,
mi mano de compañía,
y te dejo bañarte en algo de amor,
y te permito gozar de mi desarmada entrega,
... Mientras tanto, capea el frío de un error entre mis brazos,
mientras tanto, olvida éste mundo pérfido,
mientras tanto, quiéreme sin recelo,
mientras tanto, abrígate de mi desalmada dulzura.
recuerdo perfectamente lo primero que noté en ti...
algo de ternura y alegría rebosante saltando entre medio del brillo de tus ojos...
Mientras que te hablaba y me dejaba en la desnudez más exquisita,
hombre, me haz visto tal y como soy,
sin máscaras,
sin fingir,
sin ataduras valóricas,
sin moralidades rutinarias,
sin vidas falsas,
sin cariños ahogados,
pero con abusivo morbo.
Mientras que te dejaba pasear tus deditos por mi cintura,
cerraba los ojos, mordiéndome la boca,
deseando la pura verdad,
chillando por algo de realidad celestial,
encarnando rasguños que dejaran alguna huella, si quieres, borrable.
Mientras que me comías la boca, la lengua, la vida, el pasado, la ira, el engaño, la mentira, la mirada complaciente, el cariño. Querías tocar mi pecho, mi ombligo, mis pernas, mis manos, mi vida, mi ahora, mi alegría, mi siceridad, mi ojeada cariñosamente picara.
Te pretendías hundir en mis palabras, hacerlas tuyas, parafracearme, imponerte en mi vida sin vida y volverla móvil, emborracharla de risas y caricias cálidas.
Mientras que, en cierto minuto, la noche me habló de tu pasado,
de un par de imágenes colgadas en la pared,
de un amor inamovible,
de un rostro dulce que te hizo y hace sonreír,
de un recuerdo presente en el que yo, patudamente, me interponía.
Mientras que la cordura me gritaba al oído,
yo seguí abusando de tu tiempo, de tus besos, de tus bromas, de tus carcajadas, de tus manos que si quieren pueden enredarse entre las mías.
Pues aquí me tienes, chiquillo desordenado, soñador, hijo de tus ideales, viajero atolondrado, caminante esclavo del guitarreo, amante de la libertad, amante del amor, amante del destino no escrito.
Mientras que veo como aquellos que me han profesado y prometido felicidad banal se alejan ya de nosotros,
te propongo la incertidumbre,
la sorpresa,
la verdad,
mi tierna mirada temerosa,
mi risa constante,
mi mano de compañía,
y te dejo bañarte en algo de amor,
y te permito gozar de mi desarmada entrega,
... Mientras tanto, capea el frío de un error entre mis brazos,
mientras tanto, olvida éste mundo pérfido,
mientras tanto, quiéreme sin recelo,
mientras tanto, abrígate de mi desalmada dulzura.
lunes, 6 de junio de 2011
03.05
Creasy... (no es un nombre alumbrado, es la canción que escucho, no todo es tan profundo)
Viejito mío...
Yo no eres más que la autoridad
desatadamente desbastada.
No más que un pobre anciano
querido ser escuchado.
Nunca más que un pobre vago
querido algo de trago...
De cierta forma me has logrado causar gracia....
Viejito ridiculillo, sigues siendo mi piso para la vida...
Juro que te valoraré en cuanto te encuentes lejos
y profeso, también, que te arrepentirás de tu nomativa frígida y en decadencia.
Me impresiona
todo lo que te cuesta darte cuenta
que no soy parte de tus rentas...
Que a mí, con dineros, no me puedes contentar
Que a mí, con ratas, de sonrisas pérfidas,
pero elocuentes, no me puedes comparar...
Y te lo digo, viejo mío,
desde lo más profundo de mi rabia y descontento...
Te relativizo como un pobre hevón, a pesar,
de tu inteligencia rasguñante entre mis neuronas.
Y me despido,
a pesar de que la conciencia me ruegue alguna palabra amorosa ante ti...
Pues sí, te amo cochetumade,
lo aviso,
pero si pudiera no hacerlo,
juro que jamás lo haría...
Pero si no te amara no me inspirarías.
Viejito mío...
Yo no eres más que la autoridad
desatadamente desbastada.
No más que un pobre anciano
querido ser escuchado.
Nunca más que un pobre vago
querido algo de trago...
De cierta forma me has logrado causar gracia....
Viejito ridiculillo, sigues siendo mi piso para la vida...
Juro que te valoraré en cuanto te encuentes lejos
y profeso, también, que te arrepentirás de tu nomativa frígida y en decadencia.
Me impresiona
todo lo que te cuesta darte cuenta
que no soy parte de tus rentas...
Que a mí, con dineros, no me puedes contentar
Que a mí, con ratas, de sonrisas pérfidas,
pero elocuentes, no me puedes comparar...
Y te lo digo, viejo mío,
desde lo más profundo de mi rabia y descontento...
Te relativizo como un pobre hevón, a pesar,
de tu inteligencia rasguñante entre mis neuronas.
Y me despido,
a pesar de que la conciencia me ruegue alguna palabra amorosa ante ti...
Pues sí, te amo cochetumade,
lo aviso,
pero si pudiera no hacerlo,
juro que jamás lo haría...
Pero si no te amara no me inspirarías.
sábado, 4 de junio de 2011
04.06.11 // 14.08
Tus manos son mundanas extremidades,
que no dejan huella alguna
por donde dicen que la fibra vibra...
La tibieza de tu ardor me vuelve indolente,
tu olor es más común que tu mismo nombre...
Careces de todo sentido,
hombre,
ni siquiera me pareces divertido...
Aborrezco que recurras a la barata palabrería
para convencerme de aquello que jamás te creería,
no soy una idiota.
Creo que te vería alguna virtud
si, por lo menos, fueses sincero,
si abandonases esa quietud,
falsa y embustera,
y dijeras ronca y concretamente:
"hoy día quiero tenerte"
Quizás así te ahorrarías algo saliva
y yo, tal vez, lo pensaría. Chimoltrufia.
que no dejan huella alguna
por donde dicen que la fibra vibra...
La tibieza de tu ardor me vuelve indolente,
tu olor es más común que tu mismo nombre...
Careces de todo sentido,
hombre,
ni siquiera me pareces divertido...
Aborrezco que recurras a la barata palabrería
para convencerme de aquello que jamás te creería,
no soy una idiota.
Creo que te vería alguna virtud
si, por lo menos, fueses sincero,
si abandonases esa quietud,
falsa y embustera,
y dijeras ronca y concretamente:
"hoy día quiero tenerte"
Quizás así te ahorrarías algo saliva
y yo, tal vez, lo pensaría. Chimoltrufia.
martes, 24 de mayo de 2011
1:11 25.05.2011
Si te digo que tengo frío,
no es sólo contarte que mis pies se hielan,
que mi espalda se encoje con un escalofrío,
o que mis mejillas pierden color.
Si te digo que tengo frío,
te revelo mi debilidad ante lo penoso de éste mundo,
te declaro mi cobardía frete a la soledad que me vigila
y si te digo te tengo frío,
es,
precisamente,
para que hagas algo al respecto.
no es sólo contarte que mis pies se hielan,
que mi espalda se encoje con un escalofrío,
o que mis mejillas pierden color.
Si te digo que tengo frío,
te revelo mi debilidad ante lo penoso de éste mundo,
te declaro mi cobardía frete a la soledad que me vigila
y si te digo te tengo frío,
es,
precisamente,
para que hagas algo al respecto.
sábado, 30 de abril de 2011
01.05.2011 // 23.56
Se le parece al estupor.
Fue tan frágil como las cenizas,
mas ahora se alimenta de mi creciente dolor.
Quiere quitarme la camisa,
dejarme patéticamente abandonada,
desnuda y con el alma congelada.
Así es la puta soledad,
mis ridículos intentos por zafarme de ella
olvidan a la sinceridad.
Hace algunos días la sentí caer,
pero no era más que una ilusión absurda.
Ella está decidida a arraigarse a mis pechos.
Quiere atarme las manos,
enajenarme del mundo,
tomarse mi alma,
para olvidarla,
torturarla,
masacrarla,
azotarla,
hundirla en el fracaso más miserable,
y luego recordármela,
para humillarme,
para apuntarme con el dedo.
Esta puta me vuelve frígida,
porque se reusa a abandonarme,
hace que sienta los pies helados,
aunque el cuerpo ruegue algo de ardor,
me hace mirar al costado,
sentirla sólo a ella.
Es egoísta,
se ríe pérfidamente
mientras me manosea las piernas
y muerde los hombros.
Y por último,
como si no le bastara,
me hace alabarla,
arrodillarme ante su crueldad
y dejarla flagelar mi ultrajada espalda.
Aquí me tiene, esclavizada,
escribiendo para ella.
Fue tan frágil como las cenizas,
mas ahora se alimenta de mi creciente dolor.
Quiere quitarme la camisa,
dejarme patéticamente abandonada,
desnuda y con el alma congelada.
Así es la puta soledad,
mis ridículos intentos por zafarme de ella
olvidan a la sinceridad.
Hace algunos días la sentí caer,
pero no era más que una ilusión absurda.
Ella está decidida a arraigarse a mis pechos.
Quiere atarme las manos,
enajenarme del mundo,
tomarse mi alma,
para olvidarla,
torturarla,
masacrarla,
azotarla,
hundirla en el fracaso más miserable,
y luego recordármela,
para humillarme,
para apuntarme con el dedo.
Esta puta me vuelve frígida,
porque se reusa a abandonarme,
hace que sienta los pies helados,
aunque el cuerpo ruegue algo de ardor,
me hace mirar al costado,
sentirla sólo a ella.
Es egoísta,
se ríe pérfidamente
mientras me manosea las piernas
y muerde los hombros.
Y por último,
como si no le bastara,
me hace alabarla,
arrodillarme ante su crueldad
y dejarla flagelar mi ultrajada espalda.
Aquí me tiene, esclavizada,
escribiendo para ella.
domingo, 24 de abril de 2011
Realmente creo en el respiro de las ganas...
Creo en todo aquello que nos hace llegar hasta donde estamos paradotes,
pero me decepciona que nos volvamos viles postes,
tristes,
caminantes sin rumbo amado,
sin cariño hacia los mismos,
tomados como solitarios objetos de producción,
me ensordece la tristeza,
la soledad hecha pureza...
La rutina
hace que te reprima,
que no te deje ampliar las alas al vuelo,
envenena tu vitalidad,
tu espontaneidad,
te he normado,
querido espíritu, te he encerrado
en este cuerpo vestido con lo que nos ha dejado
el repugnante occidente
te he ahogado,
con estas manos pintadas con esmalte
permanente,
te he desgarrado las mejillas de un sólo arañazo,
te he hecho doblegarte ante mis ambiciones vacías,
te he tomado por la nuca para embarrarte los ideales contra el frío cemento.
Pero tú,
amado y sincero,
tienes el ímpetu de un ave volando al sur,
tienes las fuerzas de la alevilla que lucha contra el capullo que la ata a la quietud fatigante...
tienes la ternura dentro de tus ojos,
en ese brillo que no había notado en otro de los quienes caminan por ahí...
Quiero apretarme,
sentir por última vez un escalofrío,
un último orgasmo entre sábanas de algodón...
Quiero quitarme esta piel,
con marcas de sol entre mis pechos y pelvis,
quiero una uniforme, que no me recuerde que debo guardar compostura,
quiero una que sienta las brisas chocar con sus vellos,
una que juguetee entre burbujas calientes de algún lugar a donde me haya arrastrado el destino...
Quiero, alma mía,
que de mis manos el sudor se vuelva dulce,
que mi rostro se adormezca entre tanta sonrisa,
que lo helado de mis pies sea sólo señal de que sigo viva.
Y quiero, sí, y eso es lo último....
que me tomes por las costillas y me levantes hasta que tus bazos ya no logren estirarse más,
que me mires a los ojos y me acompañes es ésta travesía,
sin preguntas,
sin obligaciones,
sin huevadas...
10 de Abril, 23.54
Casi como si la noche no tuviera término,
guarda las iras más candentes de mi encierro.
Quiere robarme la conciencia y la voz.
Quiere encadenarme a cada culpa,
dejándome un patético hilo de cordura
justo en un rincón inhóspito del alma,
para recordarme que algún día sí cupo la calma..
guarda las iras más candentes de mi encierro.
Quiere robarme la conciencia y la voz.
Quiere encadenarme a cada culpa,
dejándome un patético hilo de cordura
justo en un rincón inhóspito del alma,
para recordarme que algún día sí cupo la calma..
Me ha dejado encadenada
a algún tendón del más hábil de mis fantasmas.
Me toma por sorpresa desde la espada
y me arrastra cabeza agacha.
Se inventa una voz dulce.
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