guarda las iras más candentes de mi encierro.
Quiere robarme la conciencia y la voz.
Quiere encadenarme a cada culpa,
dejándome un patético hilo de cordura
justo en un rincón inhóspito del alma,
para recordarme que algún día sí cupo la calma..
Me ha dejado encadenada
a algún tendón del más hábil de mis fantasmas.
Me toma por sorpresa desde la espada
y me arrastra cabeza agacha.
Se inventa una voz dulce.
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