sábado, 22 de junio de 2013

¿Disparas tú... o disparo yo?

- Yo, ¿te he herido alguna vez?
- miles de veces.

¿A quién no le gustaría ser la Diosa de otro?
 Hombre, me diste justo en el ego.
Y yo, casi sin saber, te di justo en la deplorable autoestima.
Si parece de cuentos, estamos hechos el uno para el otro:
Yo te aplasto como te gusta,
y tú me admiras como me gusta a mí.
-De diosa,
a fiel dirías.

Disparé yo.
Siempre disparo yo.
Tú no tienes valor para volarme las sienes:
puedes fantasear con ello, pero nunca, nunca lo harás.
Tu única bala es la más baja,
esa que me calienta de un agarrón.
Eres bueno por los pasillos.
Te dejo:
Dale, tócame,
apriétame,
besuquéame,
y ya.
Luego vuelves a ser el mismo.
Y vuelvo a dispararte,
cada vez que olvido que por ahí andas,
te mato,
ni la piel te recuerda,
y tú, siempre atento,
sabes y amas -más que a mí- esa muerte repetida, 
para aguardar que de una mirada calentona te reviva:
Disfrutas cada momento de dolor,
si te desgarra el alma cuánto mejor.
Hasta vienes a fantasear con más de mis desprecios,
rogándome por un beso a medio labio,
y yo llego -brusca- a oírte darme en el ego,
para sonreírme cada mañana al espejo.
Oye, es casi terapéutico.
¿Cómo no volver por más?

Me gusta la jugarreta esa de seguirte en tus atrocidades,
pero, como sabes,
pronto me aburro.
Y no quiero ser la Diosa de nadie,
menos de un suicida,
que ni se suicida,
en cambio ha decidido encajarme como excusa
de sus dolorosas borracheras.
Yo no quiero verte más caer a pedazos
ni sé bien dónde te quiero,
pero mejor será mientras más lejos.
Anda pendejo,
te dejo libre,
para que huyas de mí y te salves,
para que cuánto quieras me garabatees,
y me escribas más sobre tus agudas ganas de destrozarme.
Anda, si no tienes arreglo
y yo no soy na la madre teresa, mi amor,
pa estarte salvando a cada rato.
Y si quieres y te contenta,
entonces tienes razón:
soy esa maldita puta
que vino a pudrirte aún más el alma,
Quédate como eso, me importa una mierda,
Si siempre has querido ser aplastado,
aquí tienes, te doy en el gusto,
yo no te compro. 




lunes, 3 de junio de 2013

cliché de corbata

Por razones alejadas de ti y todo lo que se te parezca,
ahora detesto a Arjona,
hasta casi te he quitado de recuerdo ante ese apellido,
pues si ahora no posee gran bondad, no tendría porque si quiera rozarte el recuerdo.

Pero hoy día, volando por ahí... pero no tan cerca. Me vine a topar de pronto con el recuerdo "te conozco".
Y ¡cómo! ¿no?..
si tú eres todo él,
todo ese cliché,
todo ese romanticismo antiguo,
ese dulzón y sobrecargado,
amante,
no rebelde.
Mi amor:
ese de las rosas rojas,
de las salidas a comer,
de los pétalos repartidos por la cama,
de las velas,
de la sorpresa,
de cuentos...
yo, luego de tanto dissney,
al fin era la princesa rescatada de la torre más alta,
para amarme por siempre,
y todavía más,
para ser felices para siempre.

Yo te amé de una manera extraña,
una que jamás, sé bien, volveré a encarnar.
No, esa era sólo para ti.
Yo te amé niña,
y luego te amé mujer.
Crecimos juntos:
tú me viste pinguina,
me amaste pendeja,
tú me viste universitaria,
me extrañaste pendeja.
Creo que yo cambié más que tú...
quizás tuve otra forma de crecer,
una egoísta.
En cambio tú,
eres compañero hasta el final.
Me conoces miserable y triunfante,
conoces el secreto más grande de mis demonios infantiles,
lo lloraste conmigo.
Conoces mis vergüenzas más bárbaras,
jamás temiste referirte a ellas.
Conoces mis alegrías tontas y soñadoras,
las conversaste hasta la madrugada conmigo por el teléfono.

Y yo,
te sé entero.
Tú cicatriz en el índice,
el amigo mal agradecido,
el recuerdo de la abuela,
el gusto por la historia,
la facilidad por el número,
las salidas de madre,
las risotadas,
los cumpleaños,
los años.

Vivimos una novela de Gabriel García Márkes,
y vinimos a darnos cuenta luego de haber cojido la última hoja.
Nos amamos a la antigua,
a la de ensueños,
a la de novela rosa.
Por eso tratar la discusión absurda de:
"¿Quién amo más o menos?"
me asquea de rabia.
Porque en las novelas rosas,
no se ama más o se ama menos,
sólo se ama.
Nadie se pregunta por esta competencia burda.
Nos amamos y ya.
¿Qué más podría preocupar?

Siempre, en algún momento del día,
volveré a creer en la novela rosa.
Así la oscuridad me atormente,
yo encontraré el momento,
de pensarla
y endulzarme con ella.
Contigo.
¿Cómo no?
si eres todo lo que cualquier mujer querría,
a veces vuelvo a ser cualquier mujer,
a veces quiero volver a ser cualquier mujer,
para entibiar mis dedos entre tus manos,
y sonreírte donde el pasado.
A veces quiero tenernos de nuevo,
y volver al nido del que quizás nunca debí salir,
donde yo era protegida a todas horas,
donde nadie podría herirme jamás,
donde el hombre de mi vida se quedaría por siempre en ella.
Pero creo que sólo es miedo.

Tratar de terminar de escribirte,
es como mentirte: imposible.
Tú no estás resuelto,
y ni esperes,
nunca lo estarás.
Estás aquí al lado,
y allí atrás:
Enredado entre el más tibio recuerdo,
el amor más puro,
el tiempo del olvido,
y la esperanza.

Pero ¿sabes?
yo te quiero,
ni tanto verso podría explicarte
de qué forma te quiero.
No lo intentaré,
no quiero darle forma a esto que te tengo,
porque me gusta el inconcluso,
el dramático,
el eterno,
el de libros rosas.