- ¿A dónde vas?
- A buscar ángeles.
- Estarás entonces, llena de demonios...
- Me sentencias.
- Te equivocas, sólo vengo a otorgarle nombre a tu búsqueda.
- ¿Debo agradecer?
- ¿Debes hacer algo?
- Ahora ninguno asevera nada.
- Le temes a la duda entonces.
- ¿Quién no?
- ¿Te escudas en los demás?
-¿Formulas preguntas para aseverar?
- Te equivocas.
- No lo creo.
- Al fin aseveras. Pero, dime...
- ¿De qué?
- ¿De qué demonios te arrancas?
- De los míos.
- Entonces de los más oscuros.
- No conozco su color.
- Entonces no te atreves a mirarlos de frente.
- No me hagas tambalear...
- ¿Le temes a los temblores también?
- Volvemos al miedo.
- Siempre se trata de miedo, si hablamos de demonios incoloros.
- ¿Quieres, a caso, que los mire?
- No podrías hablarme de ellos de otra forma.
- No tienen forma, no sé por dónde empezar...
- ¿Tienen comienzo?
- Siempre, supongo
- Entonces te recuerdas de su ausencia...
- Claro, no siempre han estado aquí, conozco la alegría, no me tomes por...
- Está claro que la conoces, sino, no andarías buscando ángeles. Anda, preciosa, míralos...
- Ya les he echado una tímida ojeada...
- Apodérate de ellos, moldéales un comienzo para dominarles... Tú los has creado, no olvides.
- "En estos momentos yo te estoy amando intensamente"
- Ya empiezas a recordar. Los demonios suelen tener un nombre, o más que eso, una vos...
- No te diré su nombre.
- No me interesa, me interesa su voz.
- Era la más dulce...
- ¿Ha muerto?
- Sí, pero, ya sabes, su recuerdo vale más que él y su muerte.
- ¡Te ha envenenado!
- Con el vino más dulce.
- ¿Sigues borracha de recuerdo?
- Etílica, y sabrás que sólo los sobrios olvidan lo que han hecho borrachos.
- Buscas sobriedad entonces...
- No, ¡jamás quisiera olvidarle! Busco una nueva borrachera.
- Un ángel que te emborrache...
- Ojalá hablemos de los mismos ángeles...
- ¿Qué más te ha dicho el padre de tus demonios?
- "Cuando te tengo sola aquí, ya no eres más tú, eres mía"
- Te gustó tener dueño.
- Amé a mi domador.
- ¿Él fue tuyo también?
- Un par de noches...
- ¿Sigues aquí luego de su partida?
- No, se ha ido conmigo.
- ¿Cómo respiras?
- A pura esperanza.
- ¿Cómo es la niebla?
- Helada y cruda... no conoce piedad, es sincera y huele a odio.
- Y así dices no conocer a tus demonios...
- A ella la he creado yo, palpita conmigo, cargo con su peso sobre los hombros.
- ¿Te ha enseñado algo?
- A mentir.
- ¡Mientes! Si fueras tan mentirosa, no buscarías otra verdad.
- Es que mi verdad suele ser dolorosa, te hablo ahora de otro demonio.
- Con el mismo padre.
- Y la misma madre.
- ¿Qué eres?
- Soy el fantasma de un ángel muerto, que viene a repasar las calles donde ha conocido la risa, a ver si eso me causa algo de gracia en el alma.
- ¿Tienes alma?
- La más ágil.
- -La mira con miedo, respeto y lástima.- ¿Qué aprendiste cuando vivías?
- A amar.
- La droga más dulce.
- Yo la conozco y, no, no puedo seguir el camino sin volver a saborearla.
- Hay quienes han amado sólo una vez...
- Es mi tercer demonio, el miedo a no volver a hacerlo.
- ¿De dónde vienes?
- De la inocencia, si me remonto a lo más antiguo.
- ¿ y ahora has dejado la in, y sólo osas?
- Ahora oso, romper almas ajenas a costa de descubrir si son la que busco, pero suelen ser sólo espejismos. Ya sabes, almas mundanas, con gustos mundanos, llenas de sueños mundanos, sin pasión, sin locura.
- ¿Estás loca?
- Quiero volver a estarlo. La locura me ha exiliado de éste mundo podrido en amoríos baratos, que sueñan con vestidos blancos y zapatos de cristal perdidos. Lo único que han perdido es la utopía, tú sabes, la capacidad de soñar con nuevos mundos, inventados por dos. Quiero vivir en la era de los soñadores.
- Bretón.
- Algo de él.
- ¿Crees que esa era exista?
-Claro que no, no ves que aún busco crearla.
-¿Cómo sueñas con algo que no existe?
- ¿Cómo esperas que sueñe con cosas que ya existen? Si ese es el sueño de quien las inventó, no el mío. Entiéndeme así, los sueños tienen la capacidad de formarse entre la imaginación, ¡coloreada a antojo!
- ¿Cuál es el problema de éste mundo que repudias?
- Que han permitido que otro sueñe por ellos. ¡Tan sólo dime, si es que alguien ha inventado alguna deformación del sueño americano y ha tenido la valentía de defenderla! Dime eso, y te juro que buscaré a esa alma por éste mundo hasta encontrar su paradero solitario.
- Si esa alma existe, te aseguro que no tiene paradero, sólo deambula.
- Como yo.
- Entonces quizás se crucen.
- Mi cuarto demonio, esa esperanza.
-Ese sueño.
- Ahora entiendes.
- ¿No te hallarás dormida?
- No, mi problema es que me hallo demasiado despierta como para ensoñar de nuevo.
- Como para amar de nuevo.
- Claro está. Ya ves, entonces, que busco al ángel turbado de locura por ensoñar, un caminante somnoliento, adolorido.
- ¿Sanarás otro dolor adolorida?
- Sólo si soy lo que espera, entonces seremos dos sanados.
- Sanados de locura.
- Sanaremos si la alcanzamos.
- ¿El amor es locura?
- No conozco otra clase. La locura se sabe fuera de la normalidad, entonces ya exiliada, no tiene miedos, es ella misma sin fingir cordura, pues la encuentra absurda, no es consecuente, pues entiende que ése es el peor de los espejismos, la coherencia, el demonio del siglo. En el fondo, todos podrían estar locos, pero prefieren no ser criticados, temerosos del exilio, temerosos de crear, temerosos de no ser entendidos, temerosos de estar solos... ¡cobardes, todos!
- Buscas entonces, a tu ángel turbado de locura, valiente soñador. ¡Un hombre libre! Compañero de tus desvaríos, ¡un Sancho! que viva contigo la locura que se les tropiece, entre este mundo cuerdo y sobrio...
- Pero es difícil ser fiel a éste sueño...
- ¿Alguien te ama?
- Eso dicen, una vez, el más fiel de mis amantes, mientras yo fingía dormir, repitió dos veces "te amo, te amo", yo callé.
- ¿Cuántos dicen amarte?
- Quién los cuenta... De todas formas, no creo que me amen. No conocen a mis cuatro demonios.
- Y si les hablaras de ellos...
- Se darían cuenta que jamás podría amarlos, o peor aún, ¡intentarían transformarse en mi sueño!
- Pero, en ese caso, tendrías al fin lo que buscas...
- No, sería otro espejismo... Pues volverían, luego, a ser quienes son, no los culpo.
- ¿Has sido feliz con ellos?
- Claro, son mis amantes, me alegran, entretienen, pero no conquistan.
- ¿Has intentado amarlos?
- Miles de veces, para rellenar este vacío y dejar ya la búsqueda dolorosa de mi Sancho.
- El padre de tus demonios, a de ser el único Sancho.
- Si así fuera, que la muerte me lleve consigo ahora mismo, si ésta búsqueda no tiene fin, pues entonces a la mierda con más respiros, ¿no ves que no puedo sostener esta vida sin amar? Sólo eso sé hacer, amar, pasionar, enloquecer. Todo lo que tengo, sólo lo tengo por que lo amo, y por eso, no tengo mucho.
- ¿Qué tienes?
- Ya sabes, familia, algunos amigos, una carrera... Todo aquello, digno de mi amor y entrega.
- Sólo Sancho te hace falta. ¿Ahora dónde lo buscarás?
- Donde a mí me gusta estar. Si es mi Sancho, a de estar en alguno de aquellos lugares, oculto tras un libro, lo más seguro...
- Como tú tras estas páginas...
- Como yo, coloreando estas hojas en blanco, inventándote una voz, sanando -por el rato- el escándalo de mi cabeza, cansándome los dedos, buscando qué busco. Gracias, a tu voz que es la mía, puedo decir que sé más que hace algunas horas, que no estoy tranquila, pero sí sedada.
- Es la magia de la escritura.
- Tú lo has dicho.
- No, siempre has sido tú.