domingo, 11 de agosto de 2013

Como si sólo levantar la voz, diera realidad a las cosas.
Debo haberte nombrado en tantas griterías, que si de realidad hablo, tú eres el portero.
Jamás recordaría cómo era que se te apretaba el pecho, cuando alguien de pronto decide pescarlo en una palma y estrujarlo hasta que chille.
Recuerdo cada espacio de tu cuerpo. Todos y cada uno.Esa sí es condena, que hasta me hayas violado la memoria. Tu voz me resuena todavía en algún recuerdo, pero ella sí que se despide. Yo te amé, y te amé como jamás hubiese deseado amar a alguien, quien fuese. Te agradezco los besos, las caricias, las canciones, la poesía, las risas, el sexo, los besos de nuevo. Pero, pelusa, las mentiras si que no te las agradezco. Decidí matarte a penas te fuiste, pero tú, escorpión, siempre volvías. Y yo jamás dije no. Te he olvidado tan tajantemente que hasta extraño ese algo que tenía en el pecho, ese constante cansancio, ese ahogo atragantado, ¿qué es lo que era? y luego te apareces. Sí, eras tú. Me marchitaste entera. De pies a cabeza, de pasado a presente, de fin a principio. Cierto millón de noches no me dormí sin pronunciarte antes. Te soñaba sin cesar, y si a caso alguna noche no fuera así, era de extrañarse. Ni más ganas de respirar me dieron. Ni más ganas de hablar, ni de vivir una conversación más. Una de las tantas noches que volviste, de esas casi siempre la última, me dijiste: "estay distinta" -¿distinta? ¿por qué?- "no sé". Yo sí sé. Ya no era alegre, ni expresiva, ni valiente. Todo lo contrario: ahí estaba, moribunda. Y tú, estoico. Recé una noche, desesperada: Ayúdame a olvidarlo. Lo cumplió, quien sea. Y son mis más grandes gratitudes. El dolor tiene algo pérfido y placentero que impide ser borrado, de hecho hasta pide ser repetido.

Las tardes, mañanas y noches hoy se me llenan con quien ha decidido otorgarme un pedestal en su historia. Él me ama tanto o mucho más de lo que yo pude amar ayer. Y le digo, si tú dices amarme más de lo que yo pude amar aquella vez, entonces tu amor no tiene fin. Y él responde: No, no lo tiene. Dice vivir por mí y morir por mí. Soy su fin en mí misma. Y ¿sabes? yo también lo he venido amando hace algunos días. Le tengo un amor confiado, amistoso, gracioso, caliente y valiente. Yo a él ya no le digo más que no. Él, el de los hombros anchos, el de las manos grandes, el de las piernas fuertes, el de las ganas interminables, el niño, el hombre, el amor completo. Dormirme entre sus brazos parece la tarea más sencilla, besarle el cuerpo un placer, mirarle los ojos una ternura, escucharlo amarme: pura vida. Él pelió por mí, me fue fiel hasta con las convicciones, el no se dejó llevar por ninguna opinión, me prefirió sin jamás tener dudas ante nadie ni nada. Este amor mio es valiente, siente como deber destruir barreras para llegar a mí, no les teme. Y yo, ya no le temo más a él. Quiero empaparme de su sangre, de sus memorias, sus penas y locuras. Quiero volvernos uno, y lo quiero sólo ahora que sé que así se va poniendo la cosa, y sí, la acepto, la quiero.

jueves, 1 de agosto de 2013

Desde aquí y hacia no sé qué
Sabes amor sentido, que no creo en las promesas,
ni en las tuyas, ni mucho menos en las mías.

Sepas que hoy, te besaría la piel completa,
para perderme en tu olor y sentirte vivo,
viviéndome entera,
veme amor sentido, cómo hoy te amo hasta la ridiculéz,
y cuánto me alegras esta vida marchita que vengo llevando,
revivie amor sentido, todas estas ganas de entregarme a lo quinseañera.
que ya no quiero dejarte la boca amarga,
y mentiría si te dijera que no lo quise antes,
cuando me entretenía eso de envenenarte y reírme de ello.
Amor mío, he aprendido,
y más que nunca te he sentido,
amándome a contragolpe
si es que me enamorado de ti,
es por esa valentía que de pronto te has inventando en mi nombre.
Y yo te quiero así,
valiente y enfermo como eres,
te quiero con la pistola apuntándote las cienes,
sin miedo de que de pronto se escape el pencazo.
Mi amor, ámame como amas
de esa manera simplona y sincera,
romanticona y enfermiza,
ámame porque sí, como siempre,
y encárgate de que te ame de buenas a primeras.




sábado, 22 de junio de 2013

¿Disparas tú... o disparo yo?

- Yo, ¿te he herido alguna vez?
- miles de veces.

¿A quién no le gustaría ser la Diosa de otro?
 Hombre, me diste justo en el ego.
Y yo, casi sin saber, te di justo en la deplorable autoestima.
Si parece de cuentos, estamos hechos el uno para el otro:
Yo te aplasto como te gusta,
y tú me admiras como me gusta a mí.
-De diosa,
a fiel dirías.

Disparé yo.
Siempre disparo yo.
Tú no tienes valor para volarme las sienes:
puedes fantasear con ello, pero nunca, nunca lo harás.
Tu única bala es la más baja,
esa que me calienta de un agarrón.
Eres bueno por los pasillos.
Te dejo:
Dale, tócame,
apriétame,
besuquéame,
y ya.
Luego vuelves a ser el mismo.
Y vuelvo a dispararte,
cada vez que olvido que por ahí andas,
te mato,
ni la piel te recuerda,
y tú, siempre atento,
sabes y amas -más que a mí- esa muerte repetida, 
para aguardar que de una mirada calentona te reviva:
Disfrutas cada momento de dolor,
si te desgarra el alma cuánto mejor.
Hasta vienes a fantasear con más de mis desprecios,
rogándome por un beso a medio labio,
y yo llego -brusca- a oírte darme en el ego,
para sonreírme cada mañana al espejo.
Oye, es casi terapéutico.
¿Cómo no volver por más?

Me gusta la jugarreta esa de seguirte en tus atrocidades,
pero, como sabes,
pronto me aburro.
Y no quiero ser la Diosa de nadie,
menos de un suicida,
que ni se suicida,
en cambio ha decidido encajarme como excusa
de sus dolorosas borracheras.
Yo no quiero verte más caer a pedazos
ni sé bien dónde te quiero,
pero mejor será mientras más lejos.
Anda pendejo,
te dejo libre,
para que huyas de mí y te salves,
para que cuánto quieras me garabatees,
y me escribas más sobre tus agudas ganas de destrozarme.
Anda, si no tienes arreglo
y yo no soy na la madre teresa, mi amor,
pa estarte salvando a cada rato.
Y si quieres y te contenta,
entonces tienes razón:
soy esa maldita puta
que vino a pudrirte aún más el alma,
Quédate como eso, me importa una mierda,
Si siempre has querido ser aplastado,
aquí tienes, te doy en el gusto,
yo no te compro. 




lunes, 3 de junio de 2013

cliché de corbata

Por razones alejadas de ti y todo lo que se te parezca,
ahora detesto a Arjona,
hasta casi te he quitado de recuerdo ante ese apellido,
pues si ahora no posee gran bondad, no tendría porque si quiera rozarte el recuerdo.

Pero hoy día, volando por ahí... pero no tan cerca. Me vine a topar de pronto con el recuerdo "te conozco".
Y ¡cómo! ¿no?..
si tú eres todo él,
todo ese cliché,
todo ese romanticismo antiguo,
ese dulzón y sobrecargado,
amante,
no rebelde.
Mi amor:
ese de las rosas rojas,
de las salidas a comer,
de los pétalos repartidos por la cama,
de las velas,
de la sorpresa,
de cuentos...
yo, luego de tanto dissney,
al fin era la princesa rescatada de la torre más alta,
para amarme por siempre,
y todavía más,
para ser felices para siempre.

Yo te amé de una manera extraña,
una que jamás, sé bien, volveré a encarnar.
No, esa era sólo para ti.
Yo te amé niña,
y luego te amé mujer.
Crecimos juntos:
tú me viste pinguina,
me amaste pendeja,
tú me viste universitaria,
me extrañaste pendeja.
Creo que yo cambié más que tú...
quizás tuve otra forma de crecer,
una egoísta.
En cambio tú,
eres compañero hasta el final.
Me conoces miserable y triunfante,
conoces el secreto más grande de mis demonios infantiles,
lo lloraste conmigo.
Conoces mis vergüenzas más bárbaras,
jamás temiste referirte a ellas.
Conoces mis alegrías tontas y soñadoras,
las conversaste hasta la madrugada conmigo por el teléfono.

Y yo,
te sé entero.
Tú cicatriz en el índice,
el amigo mal agradecido,
el recuerdo de la abuela,
el gusto por la historia,
la facilidad por el número,
las salidas de madre,
las risotadas,
los cumpleaños,
los años.

Vivimos una novela de Gabriel García Márkes,
y vinimos a darnos cuenta luego de haber cojido la última hoja.
Nos amamos a la antigua,
a la de ensueños,
a la de novela rosa.
Por eso tratar la discusión absurda de:
"¿Quién amo más o menos?"
me asquea de rabia.
Porque en las novelas rosas,
no se ama más o se ama menos,
sólo se ama.
Nadie se pregunta por esta competencia burda.
Nos amamos y ya.
¿Qué más podría preocupar?

Siempre, en algún momento del día,
volveré a creer en la novela rosa.
Así la oscuridad me atormente,
yo encontraré el momento,
de pensarla
y endulzarme con ella.
Contigo.
¿Cómo no?
si eres todo lo que cualquier mujer querría,
a veces vuelvo a ser cualquier mujer,
a veces quiero volver a ser cualquier mujer,
para entibiar mis dedos entre tus manos,
y sonreírte donde el pasado.
A veces quiero tenernos de nuevo,
y volver al nido del que quizás nunca debí salir,
donde yo era protegida a todas horas,
donde nadie podría herirme jamás,
donde el hombre de mi vida se quedaría por siempre en ella.
Pero creo que sólo es miedo.

Tratar de terminar de escribirte,
es como mentirte: imposible.
Tú no estás resuelto,
y ni esperes,
nunca lo estarás.
Estás aquí al lado,
y allí atrás:
Enredado entre el más tibio recuerdo,
el amor más puro,
el tiempo del olvido,
y la esperanza.

Pero ¿sabes?
yo te quiero,
ni tanto verso podría explicarte
de qué forma te quiero.
No lo intentaré,
no quiero darle forma a esto que te tengo,
porque me gusta el inconcluso,
el dramático,
el eterno,
el de libros rosas.




lunes, 20 de mayo de 2013

La poesía

La poesía,
de ella un contestador rápido diría: Ah, hermosa.
Cuando si fuera por adjetivar, no sólo nos estaríamos quedando cortos; sino que estaríamos en presencia de una verdad a medias. 

Aquí hay música, miseria, bofetadas de realidad -y realidad a medias-, voces, caricias, samarreos, utopías, muertes, rabias, luces, risas, gentes y roces. Aquí, si hay algo -si tiene que haber algo- es pasión. Y la pasión no existe sin lo demás. 

La poesía es vida, 
escribirla es plasmarse eternamente vivo en la letra. 
Y, si la vida es cosa de momentos, vienen algunos a apretar las entrañas hasta tal dolor, que se inventan un hijo palpable, para hacerse recordar para siempre: una poesía,
que se encaja en el recuerdo como una herida imborrable. 

La poesía, es todo. Un comienzo y fin en si misma. Nace y sabe morir apasionada de arriba a abajo, inteligente: para qué vivir más que en honor a esos momentos, a esas vidas, a esas memorias.
Borraría de mí, cada momento en desperdicio a la pasión: los hábitos, lavar mis manos y dientes cada día, maquillarme los ojos, subirme a una micro cuatro horas diurnas y vespertinas.  Quitaría también de por aquí, los ratos muertos: dando vueltas en la cama sin saber qué pensar, caminando desde un paradero a mi casa, buscando las llaves, mirando un televisor.

Pero, como la poesía, dejaría para mí a todos aquellos momentos que me han sacado pasiones del alma: un esperado regalo de navidad, mi papá llegando del trabajo, deshecha por el primer amor, llorando a borbotones, un tajo en mi mano al jugar, siendo amada, siendo admirada, besando erotisada, cantando desaforada, riendo a carcajadas, temerosa, abrazando a mi mamá, llorando a mi nana, haciendo el amor, dando la mano, amando: siendo. 
Sólo siendo se hace nacer poesía, 
viviendo sólo lo que se debería vivir.
(El resto no es más que un desperdicio bestial de tiempo y espacio respirando) 

La poesía es un espejo,
un reflejo fiel del momento en vida, con ella, ese momento se vuelve perpetuo. 
Quisiera quedarme perpetua en cada uno de mis momentos poetizados, siéndolos todo el tiempo, para no perderme en algún aburrido lugar fuera del papel. Quiero ser y hacerme poesía todo el día: bien vivida, bien sufrida.
Entonces habré de encargarme de mis momentos, habré de poetizarlos tanto como pueda. Habré de tomar el camino curvo  para revivirme las entrañas a diario. Habré de atreverme. Habré de nunca interponerme entre el momento y la poesía. Habré de ser siempre. Y así de pronto crearme, en una criatura poetizada: ágil, valiente, violenta y astuta.

Quiero ser poesía,
sobreadjetivada,
dulce y agria.
Quiero que el pasar de los días, me duelan en la conciencia,
así como a la poesía le duele el avance de los versos hasta el final del papel.
Quiero existir por la razón que tengan mis pasiones,
así como la poesía es, sólo por la invención de algún golpe de pasión,
y ahí está: sincera y enorgullecida de sus momentos,
gritándolos eternamente.
Yo también quiero chillarlos para siempre,
quiero que se me arranque el alma a cada minuto,
quiero zarpazos en la alegría y en la agonía,
hasta que se me acabe la sangre entintada que rellene el papel.
  





miércoles, 15 de mayo de 2013

En Imperativo

Te quiero pescar a besos hasta que se me caigan los labios.

Hombre, hombrecito, tómame fuerte,
levántame  de un beso;
agárrame por la cintura, las costillas, la nuca, los hombros 
y cierra los ojos, disfrútame, siénteme... 
Escúchame, entre el toqueteo de nuestras bocas, 
entre la fantacía 
escondida en tu pérfida mentecilla. 

¿Qué haces a más de un centímetro de mi boca? 
Golpéame de un beso, 
ódiame de un beso, 
extáñame de un beso,
despídete de un beso. 

Aún tengo sangre entre los labios,
¿no has entendido?
te digo que me los mates a besos. 
Quiero que se me caigan a pedazos, 
quiero deshacerme de ellos, 
que mueran de un zarpazo, 
de un mordisco arráncales el pulso,
y por si es cosa de dignidad,
pues qué tranquilidad
que mueran en tu boca confiable,
salpicada de amor noble. 

Hombre, hombrecito, envídiame la amargura de la boca,
esto es un aviso:
a besos quedará en la tuya.

viernes, 19 de abril de 2013

Fumando, o tomas el humo por las buenas, y te lo haces pasar por la garganta o, eres un cobarde, y no te atreves a dejarlo llegar más allá que de tu boca... De alguna forma, preferí la primera. Buena decisión, pues si no fuera por ella, no me habría jamás enamorado del vicio más hediondo habido. Claro, al principio dolió, hasta me atoré la primera vez que lo dejé pasar por entre medio de mi garganta, pero luego... pasaron más y más cigarrillos, y sí, me gustaba ese paso por la garganta, ese paso violento, doloroso. Será que nos gusta el dolor, sí parece estar claro, sino ¿cómo podría haberme hecho adicta a este vicio? tuvo que dolerme antes de amarlo.  Entonces, ¿si no duele no sirve? parece comercial de alguna máquina para hacer gimnasia  En la vida, si no te violenta algo lo suficiente, ¿no lo amas? No, no lo haces. Yo, no, no lo hago. para amar algo, debe emocionar. De ante mano. Emocionar, el verbo más grande. Para amar algo, aquello debe moverte las fibras, y si algo mueve las fibras, el pellejo, el alma, las uñas y los dientes, entonces aquello debe ser fuerte, múltiple: alegre, miserable, gracioso, sexual, alegre, penoso; violento, en todas sus formas. Sino, es mundano. 
Esto es la idealización. 
Creo que no me habías dolido nunca antes de este manotazo. Entonces, quizás nunca te he amado, pero ahora que me dueles... las cosas por aquí, me matan de vértigo. 
Nunca me leíste. 
Creo que fue todo lo que no hiciste. 

Adiós mi niñote. 
- Oye y tú abuelo ¿qué hacía?
- No, eh mi abuelo e' electrónico.

-Ya, si le dijeron que era linda.

- Pauli, por la chucha, si te estoy diciendo...

- ¿Te querí casar conmigo?
-

- Dáme un beso.
-Nunca me habías pedido un beso.

- ¡Me cagaste, me tení la cagá, yo la pasé como las weas!
- ¡Yo nunca te hice nada, pendejo!
- Weón, me coquetiabai y te ibai... "na, pero si somo amigos".. la weá.
-Ahh, weón si era un coqueteo no má, ni nos comimos.
- Pero es que es eso po Pauly, no kxay lo que me pasa a mí.
-Ya pero Nico, ¡si ya pasó, weón! estamos juntos ahora ¿qué más da?...
- No, sí, es verdad... yo quería puro estar contigo... Porque ¡antes! puta pa que me pescarai, weón, si te hací la loca... yo me acuerdo de todo, porque para mí ¡sí fue importante po, weón!
- Pero, nico, si ya era...
- Pa ti po.
- Ya, ¡¿qué weá querí weón?! ¿Qué te pida disculpas? No tengo de qué disculparme... 
- No, si sé.

- Hola, preciosa.
- Hola, bonito. 

- Venga pa' acá.

- A ti no más.

- ¿Qué quieres?
- Yo quiero estar contigo.

- ¡Nico, quiéreme!
- Si yo te quiero... ya, tranquilita.

- Te poní cuática.

- Después uno es el pendejo.

- Erí tan bakán. 

- Nico, no me peguí agarrones en la u po', qué vergüenza la weá.
- Ahh, si igual te gusta.
- Suéltame, no me tirí... 

-Mi negra rica.
- Morena preciosa.

-No, Pauly, si yo quería hacer el trabajo, pero...

- Todos estos weones están hablado de nosotros.
- Somos el escándalo de la semana. 

- ¡Te amo, te amo!
- Ya te estoy extrañado, ya te extraño.


Poca gente, si no es que sólo los niños, tienen una mirada así, con esa luz inocentona y chillona, repleta de ternura.
"Pero si eray tan mío" te dije, respondías que lo sigues siendo, pero yo, no tengo tanta valentía como para dejarte mío, con dos almas esperándote en casa. 
Ahora me dueles, lastimas. Adiós niñote. Si supieras cuánto he sufrido... si supieras. Entenderías que no puedo volver a arriesgarme así.  Si supieras cuánto me han herido, entenderías este pavor, porque me faltaría vida para volver a vivirlo. 
Amor en ascuas, amigo entero. Crecerás de golpe afilado. Me mataría verlo. 
Te extrañaré las manos, la boca, las piernas, la risa, el pecho, la fuerza en los brazos y el ama pura. 
La suerte nos acaba de dar caminos separados, el tuyo, parece más empinado. Te cuidaré desde aquí, desde donde puedo cuidar de mí. A ver si la suerte nos regala, alguna vez, otra esquina donde toparnos. 
Te necesito algo más lejos, que ya empiezas a dolerme a la izquierda del pecho. Mi dulce, el de siempre. Te extrañaré tanto. Separemonos, es en serio, no querrás ver cómo me deshago. No querré verte con ella, ni un segundo. No quiero que digamos más. Amándome, te mataría ver cómo sufro justo sentada junto a ti. Y yo, no puedo entregarte mi alma malherida. 







jueves, 18 de abril de 2013

qué carajo!
resulta que ahora, venimos a darnos cuenta, de que todo se reduce a un montón de voces. Quién lo diría... voces, voces, como cualesquiera. El caso, es que esas voces, tienen fuerza, ideología, miedos y valentías... Algunas parecen ser más valientes en mi mente, pues es por algo que las elijo: Viene, entonces, a gritonearme una millonada de voces justito antes de tomar alguna decisión, y yo -me tomo mi tiempo- y elijo una, que suele ser la más cobarde, pero yo la elijo, no sé por qué, creo que le temo a la más valiente, a esa parte de mí y resulta que las veces que la he dejado salir, ella nunca me ha decepcionado, de hecho me ha hecho tener a toda esa gente que hoy son los únicos amigos que tengo... porque, para que se vaya sabiendo, no he vuelto a hacer amigos desde hace unos dos ¡años! Y sólo porque he decidido -clara y estupidamente-  escuchar con privilegio a la voz más cobarde de mis voces... quizás por eso es que odio mi voz desde hace unos dos años hasta ahora... esto, parece sumar dos más dos.
Y qué mierda, puede tanto tener esa voz cobarde? por qué me he quedado con ella? cuándo la adopté? si de algo estoy segura, es de que aquí hace dos años, no estaba. Lo que tiene esta voz es miedo, ¡pavor! Quiere llorarse todo el día, todos los días que sigan llegando y virando, los quiere llorar. Es en serio, no posee noción alguna del tiempo, podría dejar pasar años en el llanto, tal vez un par de años sin que me detenga en que sí ¡han pasado dos años saco wea, cómo la has cagado! El caso es que la cagada está y por mucho que nos guste eso de torturarnos llorando -de nuevo- sobre la leche derramada... convengamos que en virtud de los mismo (el tiempo), hay que avanzar... ya, la cagué, ¿y?
Escuché a la imbécil de mis voces durante dos años, he convencido a la gente de que soy tímida, débil, dulce y de nuevo débil. Así mismo es la voz esta... débil, por eso la odio.. se materializa! si cuando me oigo echándola pa afuera, me detesto. No quiero tenerme cerca, me cansa levantarme conmigo y mil lloriqueos que oirá el psicólogo, no yo.. que haga la pega.
Entonces, están todas estas voces gritándome un camino qué seguir... lo que tengo que hacer es simplemente, escuchar a la valentía? es todo? Creo que sí... pero cómo la hago más vigorosa? más potente, más fuerte que la cobarde, no por ser cobarde es débil... de hecho es la más difícil de arrastrar al pasado, la tristeza... la muy santurrona y frígida se queda llorando de víctima en la puerta de la casa mientras llueve. Manipuladora, tengo que sacarte. Cómo hago a la voz valiente más fuerte? ¡más ágil! Con felicidad. De nuevo sumo dos más dos. (nunca me había dado cuatro)

¡Nunca me había dado cuatro! Qué mierda. O sea que lo mío, en el colegio, en matemáticas, era en serio... Yo, he tenido esto en mis narices, durante dos años y he pensado y repensado en qué es lo que me sucede, qué es lo que me está haciendo tan mal, qué es lo que me está torturando tanto?. Y nunca lo había visto. Ni entendido. Me retiraba de la discusión antes de acabar, cobarde.
Hace dos años estaba él por aquí. Ese, al que le amo el recuerdo, no la presencia. No más de él, ni aquí ni en ningún otro lugar. Desde que él no volvió que la voz más triste de mis voces se apoderó de mí. Y es raro, por que lo que él amó de mí fue a la voz más feliz y valiente -y lunática- -e impulsiva- -y apasionada- Es que, me di cuenta de que si ni la más bella de mis voces podía retenerlo aquí... entonces ella ya no valía de nada. ¿para qué la quiero si él igualmente se fue? y no va a volver. Eso es. Aún no tengo respuesta a eso. Esto sentí sin decir, hace dos años: PARA QUÉ DEJAR SALIR LO MEJOR DE MÍ SI ÉL YA NO ESTÁ. SI ESO NO FUE SUFICIENTE PARA HACERLO QUEDARSE ¿PARA QUÉ MIERDA LO QUIERO? me volvió loca, y no me di cuenta cuándo. Me volvió loca, ¡me mandó al psicólogo! Estaré así por siempre si no lo olvido. Es una condena declarada. Que me hipnoticen y me hagan creer que nunca lo conocí. Un efecto mariposa vendría mal por aquí, para recuperar la dicha. Pero... ¿también lo olvidarían mis sueños? esos en los que irrumpe de vez en vez, no sé. Pero olvidarlo... no sé si quiero. Es como desprenderse de un brazo. Sí, si quiero. Es que estoy harta de él. Arráncame el brazo derecho entonces, yo veré cómo adiestro a la zurda. No se puede adiestrar a la zurda. Es que... es la izquierda, no puede enderecharse. Tiene otra forma de ser... aún no la comprendo eso es, y no lo he hecho por que todavía no soy suficientemente valiente como para terminar de arrancar los últimos tendones de la mal llamada contraria a la siniestra.
Esto es una propuesta, TODO, el elegir las voces valientes y fuertes -las de antes- y aprender a andar de zurda. Para eso hay que aceptar de se es zurda porque se ha debido arrancar la derecha, pues se ha sufrido. Sí, y a chorros. Pero hay que dejar esta pena, esta angustia y ¡estos ataques! ¿cómo dejo de sufrir? Volviendo a dejar salir a la voces tuyas, vigorosas, valientes y ególatras. Así, también él se irá.



domingo, 3 de marzo de 2013

- ¿A dónde vas?
- A buscar ángeles.
- Estarás entonces, llena de demonios...
- Me sentencias.
- Te equivocas, sólo vengo a otorgarle nombre a tu búsqueda.
- ¿Debo agradecer?
- ¿Debes hacer algo?
- Ahora ninguno asevera nada.
- Le temes a la duda entonces.
- ¿Quién no?
- ¿Te escudas en los demás?
-¿Formulas preguntas para aseverar?
- Te equivocas.
- No lo creo.
- Al fin aseveras. Pero, dime...
- ¿De qué?
- ¿De qué demonios te arrancas?
- De los míos.
- Entonces de los más oscuros.
- No conozco su color.
- Entonces no te atreves a mirarlos de frente.
- No me hagas tambalear...
- ¿Le temes a los temblores también?
- Volvemos al miedo.
- Siempre se trata de miedo, si hablamos de demonios incoloros.
- ¿Quieres, a caso, que los mire?
- No podrías hablarme de ellos de otra forma.
- No tienen forma, no sé por dónde empezar...
- ¿Tienen comienzo?
- Siempre, supongo
- Entonces te recuerdas de su ausencia...
- Claro, no siempre han estado aquí, conozco la alegría, no me tomes por...
- Está claro que la conoces, sino, no andarías buscando ángeles. Anda, preciosa, míralos...
- Ya les he echado una tímida ojeada...
- Apodérate de ellos, moldéales un comienzo para dominarles... Tú los has creado, no olvides.

- "En estos momentos yo te estoy amando intensamente"
- Ya empiezas a recordar. Los demonios suelen tener un nombre, o más que eso, una vos...
- No te diré su nombre.
- No me interesa, me interesa su voz.
- Era la más dulce...
- ¿Ha muerto?
- Sí, pero, ya sabes, su recuerdo vale más que él y su muerte.
- ¡Te ha envenenado!
- Con el vino más dulce.
- ¿Sigues borracha de recuerdo?
- Etílica, y sabrás que sólo los sobrios olvidan lo que han hecho borrachos.
- Buscas sobriedad entonces...
- No, ¡jamás quisiera olvidarle! Busco una nueva borrachera.
- Un ángel que te emborrache...
- Ojalá hablemos de los mismos ángeles...

- ¿Qué más te ha dicho el padre de tus demonios?
- "Cuando te tengo sola aquí, ya no eres más tú, eres mía"
- Te gustó tener dueño.
- Amé a mi domador.
- ¿Él fue tuyo también?
- Un par de noches...
- ¿Sigues aquí luego de su partida?
- No, se ha ido conmigo.
- ¿Cómo respiras?
- A pura esperanza.
- ¿Cómo es la niebla?
- Helada y cruda... no conoce piedad, es sincera y huele a odio.
- Y así dices no conocer a tus demonios...
- A ella la he creado yo, palpita conmigo, cargo con su peso sobre los hombros.
- ¿Te ha enseñado algo?
- A mentir.
- ¡Mientes! Si fueras tan mentirosa, no buscarías otra verdad.
- Es que mi verdad suele ser dolorosa, te hablo ahora de otro demonio.
- Con el mismo padre.
- Y la misma madre.
- ¿Qué eres?
- Soy el fantasma de un ángel muerto, que viene a repasar las calles donde ha conocido la risa, a ver si eso me causa algo de gracia en el alma.
- ¿Tienes alma?
- La más ágil.
- -La mira con miedo, respeto y lástima.- ¿Qué aprendiste cuando vivías?
- A amar.
- La droga más dulce.
- Yo la conozco y, no, no puedo seguir el camino sin volver a saborearla.
- Hay quienes han amado sólo una vez...
- Es mi tercer demonio, el miedo a no volver a hacerlo.
- ¿De dónde vienes?
- De la inocencia, si me remonto a lo más antiguo.
- ¿ y ahora has dejado la in, y sólo osas?
- Ahora oso, romper almas ajenas a costa de descubrir si son la que busco, pero suelen ser sólo espejismos. Ya sabes, almas mundanas, con gustos mundanos, llenas de sueños mundanos, sin pasión, sin locura.
- ¿Estás loca?
- Quiero volver a estarlo. La locura me ha exiliado de éste mundo podrido en amoríos baratos, que sueñan con vestidos blancos y zapatos de cristal perdidos. Lo único que han perdido es la utopía, tú sabes, la capacidad de soñar con nuevos mundos, inventados por dos. Quiero vivir en la era de los soñadores.
- Bretón.
- Algo de él.
- ¿Crees que esa era exista?
-Claro que no, no ves que aún busco crearla.
-¿Cómo sueñas con algo que no existe?
- ¿Cómo esperas que sueñe con cosas que ya existen? Si ese es el sueño de quien las inventó, no el mío. Entiéndeme así, los sueños tienen la capacidad de formarse entre la imaginación, ¡coloreada a antojo!
- ¿Cuál es el problema de éste mundo que repudias?
- Que han permitido que otro sueñe por ellos. ¡Tan sólo dime, si es que alguien ha inventado alguna deformación del sueño americano y ha tenido la valentía de defenderla! Dime eso, y te juro que buscaré a esa alma por éste mundo hasta encontrar su paradero solitario.
- Si esa alma existe, te aseguro que no tiene paradero, sólo deambula.
- Como yo.
- Entonces quizás se crucen.
- Mi cuarto demonio, esa esperanza.
-Ese sueño.
- Ahora entiendes.
- ¿No te hallarás dormida?
- No, mi problema es que me hallo demasiado despierta como para ensoñar de nuevo.
- Como para amar de nuevo.
- Claro está. Ya ves, entonces, que busco al ángel turbado de locura por ensoñar, un caminante somnoliento, adolorido.
- ¿Sanarás otro dolor adolorida?
- Sólo si soy lo que espera, entonces seremos dos sanados.
- Sanados de locura.
- Sanaremos si la alcanzamos.
- ¿El amor es locura?
- No conozco otra clase. La locura se sabe fuera de la normalidad, entonces ya exiliada, no tiene miedos, es ella misma sin fingir cordura, pues la encuentra absurda, no es consecuente, pues entiende que ése es el peor de los espejismos, la coherencia, el demonio del siglo. En el fondo, todos podrían estar locos, pero prefieren  no ser criticados, temerosos del exilio, temerosos de crear, temerosos de no ser entendidos, temerosos de estar solos... ¡cobardes, todos!
- Buscas entonces, a tu ángel turbado de locura, valiente soñador. ¡Un hombre libre! Compañero de tus desvaríos, ¡un Sancho! que viva contigo la locura que se les tropiece, entre este mundo cuerdo y sobrio...
- Pero es difícil ser fiel a éste sueño...

- ¿Alguien te ama?
- Eso dicen, una vez, el más fiel de mis amantes, mientras yo fingía dormir, repitió dos veces "te amo, te amo", yo callé.
- ¿Cuántos dicen amarte?
- Quién los cuenta... De todas formas, no creo que me amen. No conocen a mis cuatro demonios.
- Y si les hablaras de ellos...
- Se darían cuenta que jamás podría amarlos, o peor aún, ¡intentarían transformarse en mi sueño!
- Pero, en ese caso, tendrías al fin lo que buscas...
- No, sería otro espejismo... Pues volverían, luego, a ser quienes son, no los culpo.
- ¿Has sido feliz con ellos?
- Claro, son mis amantes, me alegran, entretienen, pero no conquistan.
- ¿Has intentado amarlos?
- Miles de veces, para rellenar este vacío y dejar ya la búsqueda dolorosa de mi Sancho.
- El padre de tus demonios, a de ser el único Sancho.
- Si así fuera, que la muerte me lleve consigo ahora mismo, si ésta búsqueda no tiene fin, pues entonces a la mierda con más respiros, ¿no ves que no puedo sostener esta vida sin amar? Sólo eso sé hacer, amar, pasionar, enloquecer. Todo lo que tengo, sólo lo tengo por que lo amo, y por eso, no tengo mucho.
- ¿Qué tienes?
- Ya sabes, familia, algunos amigos, una carrera... Todo aquello, digno de mi amor y entrega.
- Sólo Sancho te hace falta. ¿Ahora dónde lo buscarás?
- Donde a mí me gusta estar. Si es mi Sancho, a de estar en alguno de aquellos lugares, oculto tras un libro, lo más seguro...
- Como tú tras estas páginas...
- Como yo, coloreando estas hojas en blanco, inventándote una voz, sanando -por el rato- el escándalo de mi cabeza, cansándome los dedos, buscando qué busco. Gracias, a tu voz que es la mía, puedo decir que sé más que hace algunas horas, que no estoy tranquila, pero sí sedada.
- Es la magia de la escritura.
- Tú lo has dicho.
- No, siempre has sido tú.