Si te digo que tengo frío,
no es sólo contarte que mis pies se hielan,
que mi espalda se encoje con un escalofrío,
o que mis mejillas pierden color.
Si te digo que tengo frío,
te revelo mi debilidad ante lo penoso de éste mundo,
te declaro mi cobardía frete a la soledad que me vigila
y si te digo te tengo frío,
es,
precisamente,
para que hagas algo al respecto.