Yo, para quitarme tu dulce olor de encima,
me habría revolcado con quien ganas tuviera.
Yo, para dejar de recordarte,
hubiera escrito poemas alegres buscando consolarme.
Yo, para no nombrarte más antes de dormir,
habría dejado abiertos mis ojos hasta que se secasen.
Yo, para dejar de sentir vergüenza por aún quererte,
habría bebido más vino que el que pudiera soportar mi frágil mente.
Yo, para abandonar los pocos momentos que vivimos,
habría borrado toda mi existencia pasada,
habría fumado veinte tabacos en una sola noche,
habría aborrecido las rimas,
habría cantado afinado, con la garganta mojada y atragantada de dolores,
de desdicha, de desventura, de falta de ti, de hastío de ti.
Yo, para no volver a recordar cada parte de tu cuerpo,
me habría inventado otro,
cualquiera,
el que fuese,
había visto vida en el más moribundo,
habría acariciando cualquier espalda,
pero no habría, jamás, rasguñado ninguna.
Yo, para por las mañanas olvidarte,
habría dejado de levantarme,
me habría doblegado la valentía de sentirme libre.
Yo, para recordarme de tus suaves besos,
me había entregado de nuevo a ellos aunque ahora estuviesen borrachos.
Yo, para olvidarme de tus canciones,
habría escuchado otras... inventanloes belleza,
creándoles sonrisas vacías,
habría fingido cuánto me emocionan,
y, como siempre, las había abandonado en el olvido,
tal como si jamás hubieran existido,
quedándome así, sola de nuevo contigo,
sola y acosada por tu recuerdo intenso y torturante,
delirante, estúpido y denigrante.
Yo, habría deseado nunca conocerte, arrepintiéndome en el acto de tal osadía.
Yo, no había aceptado nunca amarte,
yo nunca habría sabido si te amé aquellos días,
yo estaría segura de que te amé alguno dentro de los que extrañé.
Yo, ridículamente, había pretendido olvidarte,
sin dejar pasar un sólo día sin recordarte.
Yo, habría llorado tu desgana de mí un par de veces,
habiendo sentido ganas de sollozarla miles,
como si tanto quisiera retenerte que ni las lágrimas quisieran huir de mí,
porque siendo ellas para ti, las quiero aún conmigo,
para no abandonarte jamás,
para guardar la esperanza apaciguada de que algún día volverás,
y ahí me encontrarás,
en el mismo lugar donde me plantaste una sonrisa inborrable,
donde me hiciste amar, donde me te alegraste de encontrarme.
Yo, habría obviado cualquiera de tus ofensas,
cualquiera de tus rechazos,
habría hecho oídos sordos a todas tus confusiones,
para siempre guardarte en el pedestal donde decidí encajarte,
habría dejado de escuchar a mis amistades,
habría preferido pasar una patética hora contigo por las tardes.
Yo, habría sabido cómo y cuándo terminar de escribirte,
habría dejado de dedicarte letras hace varios párrafos,
había sabido acabar con tu presencia aquí y ahora...
pero ya ves... ya ves que ya de cómos y cuandós no sé.