sábado, 30 de abril de 2011

01.05.2011 // 23.56

Se le parece al estupor.
Fue tan frágil como las cenizas,
mas ahora se alimenta de mi creciente dolor.
Quiere quitarme la camisa,
dejarme patéticamente abandonada,
desnuda y con el alma congelada.

Así es la puta soledad,
mis ridículos intentos por zafarme de ella
olvidan a la sinceridad.

Hace algunos días la sentí caer,
pero no era más que una ilusión absurda.
Ella está decidida a arraigarse a mis pechos.
Quiere atarme las manos,
enajenarme del mundo,
tomarse mi alma,
para olvidarla,
torturarla,
masacrarla,
azotarla,
hundirla en el fracaso más miserable,
y luego recordármela,
para humillarme,
para apuntarme con el dedo.

Esta puta me vuelve frígida,
porque se reusa a abandonarme,
hace que sienta los pies helados,
aunque el cuerpo ruegue algo de ardor,
me hace mirar al costado,
sentirla sólo a ella.
Es egoísta,
se ríe pérfidamente
mientras me manosea las piernas
y muerde los hombros.

Y por último,
como si no le bastara,
me hace alabarla,
arrodillarme ante su crueldad
y dejarla flagelar mi ultrajada espalda.
Aquí me tiene, esclavizada,
escribiendo para ella.

domingo, 24 de abril de 2011

Realmente creo en el respiro de las ganas...
Creo en todo aquello que nos hace llegar hasta donde estamos paradotes,
pero me decepciona que nos volvamos viles postes, 
tristes,
caminantes sin rumbo amado,
sin cariño hacia los mismos, 
tomados como solitarios objetos de producción,
me ensordece la tristeza,
la soledad hecha pureza... 

La rutina
hace que te reprima, 
que no te deje ampliar las alas al vuelo,
envenena tu vitalidad,
tu espontaneidad,
te he normado, 
querido espíritu, te he encerrado
en este cuerpo vestido con lo que nos ha dejado 
el repugnante occidente
te he ahogado, 
con estas manos pintadas con esmalte 
permanente,
te he desgarrado las mejillas de un sólo arañazo,
te he hecho doblegarte ante mis ambiciones vacías,
te he tomado por la nuca para embarrarte los ideales contra el frío cemento.
Pero tú,
amado y sincero, 
tienes el ímpetu de un ave volando al sur,
tienes las fuerzas de la alevilla que lucha contra el capullo que la ata a la quietud fatigante...
tienes la ternura dentro de tus ojos, 
en ese brillo que no había notado en otro de los quienes caminan por ahí...

Quiero apretarme,
sentir por última vez un escalofrío,
un último orgasmo entre sábanas de algodón...
Quiero quitarme esta piel, 
con marcas de sol entre mis pechos y pelvis,
quiero una uniforme, que no me recuerde que debo guardar compostura,
quiero una que sienta las brisas chocar con sus vellos,
una que juguetee entre burbujas calientes de algún lugar a donde me haya arrastrado el destino...

Quiero, alma mía, 
que de mis manos el sudor se vuelva dulce,
que mi rostro se adormezca entre tanta sonrisa,
que lo helado de mis pies sea sólo señal de que sigo viva.

Y quiero, sí, y eso es lo último....
que me tomes por las costillas y me levantes hasta que tus bazos ya no logren estirarse más,
que me mires a los ojos y me acompañes es ésta travesía,
sin preguntas,
sin obligaciones, 
sin huevadas... 



10 de Abril, 23.54

Casi como si la noche no tuviera término,
guarda las iras más candentes de mi encierro.
Quiere robarme la conciencia y la voz.
Quiere encadenarme a cada culpa,
dejándome un patético hilo de cordura
justo en un rincón inhóspito del alma,
para recordarme que algún día sí cupo la calma..

Me ha dejado encadenada 
a algún tendón del más hábil de mis fantasmas.
Me toma por sorpresa desde la espada
y me arrastra cabeza agacha.

Se inventa una voz dulce.