Creo en todo aquello que nos hace llegar hasta donde estamos paradotes,
pero me decepciona que nos volvamos viles postes,
tristes,
caminantes sin rumbo amado,
sin cariño hacia los mismos,
tomados como solitarios objetos de producción,
me ensordece la tristeza,
la soledad hecha pureza...
La rutina
hace que te reprima,
que no te deje ampliar las alas al vuelo,
envenena tu vitalidad,
tu espontaneidad,
te he normado,
querido espíritu, te he encerrado
en este cuerpo vestido con lo que nos ha dejado
el repugnante occidente
te he ahogado,
con estas manos pintadas con esmalte
permanente,
te he desgarrado las mejillas de un sólo arañazo,
te he hecho doblegarte ante mis ambiciones vacías,
te he tomado por la nuca para embarrarte los ideales contra el frío cemento.
Pero tú,
amado y sincero,
tienes el ímpetu de un ave volando al sur,
tienes las fuerzas de la alevilla que lucha contra el capullo que la ata a la quietud fatigante...
tienes la ternura dentro de tus ojos,
en ese brillo que no había notado en otro de los quienes caminan por ahí...
Quiero apretarme,
sentir por última vez un escalofrío,
un último orgasmo entre sábanas de algodón...
Quiero quitarme esta piel,
con marcas de sol entre mis pechos y pelvis,
quiero una uniforme, que no me recuerde que debo guardar compostura,
quiero una que sienta las brisas chocar con sus vellos,
una que juguetee entre burbujas calientes de algún lugar a donde me haya arrastrado el destino...
Quiero, alma mía,
que de mis manos el sudor se vuelva dulce,
que mi rostro se adormezca entre tanta sonrisa,
que lo helado de mis pies sea sólo señal de que sigo viva.
Y quiero, sí, y eso es lo último....
que me tomes por las costillas y me levantes hasta que tus bazos ya no logren estirarse más,
que me mires a los ojos y me acompañes es ésta travesía,
sin preguntas,
sin obligaciones,
sin huevadas...
No hay comentarios:
Publicar un comentario