de ella un contestador rápido diría: Ah, hermosa.
Cuando si fuera por adjetivar, no sólo nos estaríamos quedando cortos; sino que estaríamos en presencia de una verdad a medias.
Aquí hay música, miseria, bofetadas de realidad -y realidad a medias-, voces, caricias, samarreos, utopías, muertes, rabias, luces, risas, gentes y roces. Aquí, si hay algo -si tiene que haber algo- es pasión. Y la pasión no existe sin lo demás.
La poesía es vida,
escribirla es plasmarse eternamente vivo en la letra.
Y, si la vida es cosa de momentos, vienen algunos a apretar las entrañas hasta tal dolor, que se inventan un hijo palpable, para hacerse recordar para siempre: una poesía,
que se encaja en el recuerdo como una herida imborrable.
que se encaja en el recuerdo como una herida imborrable.
La poesía, es todo. Un comienzo y fin en si misma. Nace y sabe morir apasionada de arriba a abajo, inteligente: para qué vivir más que en honor a esos momentos, a esas vidas, a esas memorias.
Borraría de mí, cada momento en desperdicio a la pasión: los hábitos, lavar mis manos y dientes cada día, maquillarme los ojos, subirme a una micro cuatro horas diurnas y vespertinas. Quitaría también de por aquí, los ratos muertos: dando vueltas en la cama sin saber qué pensar, caminando desde un paradero a mi casa, buscando las llaves, mirando un televisor.
Borraría de mí, cada momento en desperdicio a la pasión: los hábitos, lavar mis manos y dientes cada día, maquillarme los ojos, subirme a una micro cuatro horas diurnas y vespertinas. Quitaría también de por aquí, los ratos muertos: dando vueltas en la cama sin saber qué pensar, caminando desde un paradero a mi casa, buscando las llaves, mirando un televisor.
Pero, como la poesía, dejaría para mí a todos aquellos momentos que me han sacado pasiones del alma: un esperado regalo de navidad, mi papá llegando del trabajo, deshecha por el primer amor, llorando a borbotones, un tajo en mi mano al jugar, siendo amada, siendo admirada, besando erotisada, cantando desaforada, riendo a carcajadas, temerosa, abrazando a mi mamá, llorando a mi nana, haciendo el amor, dando la mano, amando: siendo.
Sólo siendo se hace nacer poesía,
viviendo sólo lo que se debería vivir.
(El resto no es más que un desperdicio bestial de tiempo y espacio respirando)
La poesía es un espejo,
un reflejo fiel del momento en vida, con ella, ese momento se vuelve perpetuo.
Quisiera quedarme perpetua en cada uno de mis momentos poetizados, siéndolos todo el tiempo, para no perderme en algún aburrido lugar fuera del papel. Quiero ser y hacerme poesía todo el día: bien vivida, bien sufrida.
Entonces habré de encargarme de mis momentos, habré de poetizarlos tanto como pueda. Habré de tomar el camino curvo para revivirme las entrañas a diario. Habré de atreverme. Habré de nunca interponerme entre el momento y la poesía. Habré de ser siempre. Y así de pronto crearme, en una criatura poetizada: ágil, valiente, violenta y astuta.
Entonces habré de encargarme de mis momentos, habré de poetizarlos tanto como pueda. Habré de tomar el camino curvo para revivirme las entrañas a diario. Habré de atreverme. Habré de nunca interponerme entre el momento y la poesía. Habré de ser siempre. Y así de pronto crearme, en una criatura poetizada: ágil, valiente, violenta y astuta.
Quiero ser poesía,
sobreadjetivada,
dulce y agria.
Quiero que el pasar de los días, me duelan en la conciencia,
así como a la poesía le duele el avance de los versos hasta el final del papel.
Quiero existir por la razón que tengan mis pasiones,
así como la poesía es, sólo por la invención de algún golpe de pasión,
y ahí está: sincera y enorgullecida de sus momentos,
gritándolos eternamente.
Yo también quiero chillarlos para siempre,
quiero que se me arranque el alma a cada minuto,
quiero zarpazos en la alegría y en la agonía,
hasta que se me acabe la sangre entintada que rellene el papel.
sobreadjetivada,
dulce y agria.
Quiero que el pasar de los días, me duelan en la conciencia,
así como a la poesía le duele el avance de los versos hasta el final del papel.
Quiero existir por la razón que tengan mis pasiones,
así como la poesía es, sólo por la invención de algún golpe de pasión,
y ahí está: sincera y enorgullecida de sus momentos,
gritándolos eternamente.
Yo también quiero chillarlos para siempre,
quiero que se me arranque el alma a cada minuto,
quiero zarpazos en la alegría y en la agonía,
hasta que se me acabe la sangre entintada que rellene el papel.
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