Por razones alejadas de ti y todo lo que se te parezca,
ahora detesto a Arjona,
hasta casi te he quitado de recuerdo ante ese apellido,
pues si ahora no posee gran bondad, no tendría porque si quiera rozarte el recuerdo.
Pero hoy día, volando por ahí... pero no tan cerca. Me vine a topar de pronto con el recuerdo "te conozco".
Y ¡cómo! ¿no?..
si tú eres todo él,
todo ese cliché,
todo ese romanticismo antiguo,
ese dulzón y sobrecargado,
amante,
no rebelde.
Mi amor:
ese de las rosas rojas,
de las salidas a comer,
de los pétalos repartidos por la cama,
de las velas,
de la sorpresa,
de cuentos...
yo, luego de tanto dissney,
al fin era la princesa rescatada de la torre más alta,
para amarme por siempre,
y todavía más,
para ser felices para siempre.
Yo te amé de una manera extraña,
una que jamás, sé bien, volveré a encarnar.
No, esa era sólo para ti.
Yo te amé niña,
y luego te amé mujer.
Crecimos juntos:
tú me viste pinguina,
me amaste pendeja,
tú me viste universitaria,
me extrañaste pendeja.
Creo que yo cambié más que tú...
quizás tuve otra forma de crecer,
una egoísta.
En cambio tú,
eres compañero hasta el final.
Me conoces miserable y triunfante,
conoces el secreto más grande de mis demonios infantiles,
lo lloraste conmigo.
Conoces mis vergüenzas más bárbaras,
jamás temiste referirte a ellas.
Conoces mis alegrías tontas y soñadoras,
las conversaste hasta la madrugada conmigo por el teléfono.
Y yo,
te sé entero.
Tú cicatriz en el índice,
el amigo mal agradecido,
el recuerdo de la abuela,
el gusto por la historia,
la facilidad por el número,
las salidas de madre,
las risotadas,
los cumpleaños,
los años.
Vivimos una novela de Gabriel García Márkes,
y vinimos a darnos cuenta luego de haber cojido la última hoja.
Nos amamos a la antigua,
a la de ensueños,
a la de novela rosa.
Por eso tratar la discusión absurda de:
"¿Quién amo más o menos?"
me asquea de rabia.
Porque en las novelas rosas,
no se ama más o se ama menos,
sólo se ama.
Nadie se pregunta por esta competencia burda.
Nos amamos y ya.
¿Qué más podría preocupar?
Siempre, en algún momento del día,
volveré a creer en la novela rosa.
Así la oscuridad me atormente,
yo encontraré el momento,
de pensarla
y endulzarme con ella.
Contigo.
¿Cómo no?
si eres todo lo que cualquier mujer querría,
a veces vuelvo a ser cualquier mujer,
a veces quiero volver a ser cualquier mujer,
para entibiar mis dedos entre tus manos,
y sonreírte donde el pasado.
A veces quiero tenernos de nuevo,
y volver al nido del que quizás nunca debí salir,
donde yo era protegida a todas horas,
donde nadie podría herirme jamás,
donde el hombre de mi vida se quedaría por siempre en ella.
Pero creo que sólo es miedo.
Tratar de terminar de escribirte,
es como mentirte: imposible.
Tú no estás resuelto,
y ni esperes,
nunca lo estarás.
Estás aquí al lado,
y allí atrás:
Enredado entre el más tibio recuerdo,
el amor más puro,
el tiempo del olvido,
y la esperanza.
Pero ¿sabes?
yo te quiero,
ni tanto verso podría explicarte
de qué forma te quiero.
No lo intentaré,
no quiero darle forma a esto que te tengo,
porque me gusta el inconcluso,
el dramático,
el eterno,
el de libros rosas.
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