Sólo por el egoísmo humano que me inunda esta vez.
Cosas no tan banales...
1.60 de huesos, piel, tripas, uñas, nudillos, vellos y ojos mentirosos que quisieron ser negros, ocultos en un café discreto.
Mujer hasta le médula, hembra temperamental, hija de la pasión y chillona de libertad,
suelto orgasmos hasta por aquello que pudiera parecer más normal.
Amante, sí, de las letras ajenas y, por esta vez y por muchas más, de las mías.
Detesto el silencio, al soledad, la ausencia de amor.
Viciosa del tabaco y tragos embriagados de risas animadas, de esas que salen el pecho, que hacen bailar mi abdomen y zapatear los pies.
Creo en las multitudes, en el sudor y hambre de los míos,
en el llanto más ahogado, en el dolor que estrangula el alma, que desgarra el espíritu, que deja que las costillas se abran de par en par para dejar salir la verdad ensangrentada y gritona.
Entiendo la vida como un viaje de ida, cada respiro como una oportunidad de ser un suspiro, todo paso como un disfrute y una ambición por dejar huella; en la tierra, en el cemento, en el barro, en el viento y , con algo de suerte, en algunas vidas.
Temerosa de la paz, de la rutina y del hastío... de la mentira, de las armas, de la incertidumbre y del rechazo emborrachado de fracaso.
No creo en lo individual, porque en mí viven las decenas de almas que han formado y he dejado amar. Esas que abrazo, huelo, aprieto y muerdo para sentirlas aún más mías, esas que me cuelgan una sonrisa en la cara con casa roce, o me hacen brotar las lágrimas más crudas.
Por esas almas he decidido viajar, para bañarme de ellas sin censura, con ellas olvido los protocolos y me dejo al desnudo, vestida de garabatos, miradas cómplices, chistes, enojos, gritos, aplausos y abusos.
Tengo, ese par de kilos de más, manos hechas para sentir, pies gorditos, un alma que se arranca del cuerpo a penas haya la oportunidad, muslos anchos, una niñita munúscula y regalona que decide aparecerse seguido, una sonrisa atractiva, una vulnerabilidad inapagable, el obligo perforado, una inseguridad escondida entre lo más recóndito, una cintura breve, alegría rebosante, la piel morena, la ironía más hiriente, los sueños de prioridad, la locura por la libertad, una entrega maternal y, entre mil huevadas amadas y odiadas más, tengo amor; uno invasivo, verdadero, fugaz y hambriento.
Esto me recuerda plaza de armas, primer recital poético. Creo, que ahí fue la primera vez que lo lei. Se nota caleta la pasión de las letras. Saludos, mujer!!
ResponderEliminar