miércoles, 26 de octubre de 2011

2.54

Dónde quedan entonces, vida mía, vida pasada,
hacia dónde se han arrancado nuestros gratos días, nuestras exageradas risotadas.

Si exististe un día, cariño mío, dónde has quedado
Si viniste una tarde a lloviznar sobre mi recuerdo,
dime por qué ahora te quedas aislado,
enséñame cómo te entiendo ahora en el ayer recostado.

Una canción que nunca has escuchado,
tu nombre retumba sobre mi pecho anclado,
me recuerda tu días calmado,
tus tiempos de locura,
que disidí yo acompañar de mi ternura.

Déjame contarte que hace años que no lloro,
que hace milenios que no se me arranca el corazón del pecho,
que la lógica me había acompañado hasta que llegaste,
con el pelo mojado y un brindis bajo el brazo.

Te confieso, sin miedo,
que estuviste a un par de roces de volverme contra el mundo,
a punto de empujarme hasta el dolor más agudo;
ya no te agradezco tu cuidado,
tu cuidado fue pura racionalidad que antes habías abolido,
éste fue tu primer error,
y el mío fue entenderlo como una virtud.

Habrías pasado al amor si sólo me hubieras engañado,
si sólo me hubieras engatusado,
si sólo me hubieras de llanto cargado.

Me habrías vuelto vida con un final moribundo,
me habrías hecho amarte dejándome la conciencia derretida,
me habrías calmado esta hambre de dolor
y hubieras seguido tu línea de dejar de pensar.

Pero no, decidiste irte por la buenas,
por las aburridas,
por las monótonas,
por las calladas;
dejándome la ilusión que había puesto en ti a un paso del abismo,
a un paso del olvido,
entre la inercia más rutinaria,
destruiste los cimientos de lo que pretendía ser un gran amor,
destruiste las ambiciones de lo que pudo ser mi gran dolor,
me dejaste, de nuevo, con los ojos secos y una mueca sin importancia.

Hombre grato, alegre y sincero
emprende de nuevo hacia mí el vuelo,
manoseame el alma,
lléname de virtud,
ahógame de alegría,
a la ilusión, de nuevo, dale vida...
Y luego déjame
de una bofetada samarréame el espíritu,
tómame por las costillas, pero ésta vez,  para empujarme al suelo,
hásme detestarte como al peor de los homicidas,
hásme despertar con los ojos hinchados,
róbame las ganas de seguir respirando,
dame dolor,
dame angustia
y la peor de las intrigas.
Hásme ver que aún puedo llorar,
que aún puedo amar,
que aún puedo odiar,
que el cielo se nubla ante el desamparo,
que el pecho se aprieta ante el miedo,
que la felicidad está sólo en tu recuerdo,
déjame sentir que sola ya me pierdo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario