martes, 1 de mayo de 2012

Hay cosas que se extrañan. tomar la mano, mirar dulcemente, lo recíproco, que sí, dura tan poco, pero es como vivir un par de días en los cielos... Como abandonar toda apatía, toda risa vacía, toda mentira. Deben ya haber pasado unos cuatro o cinco años desde que no me siento segura, anidada, cuidada y amando esos cuidados y complicidades.
Ahora me hundo en la mierda misma, en noches de compañía inventada por tazas de café y mil cigarros que me destruyen el pecho, pero qué más me da, mientras me hagan sentir algún placer ahí entre las costillas, mientras me hagan soltar un suspiro banal, mientras me rellenen el alma de algo... cualquier cosa... lo que sea... Tengo hambre, de pura locura, de puros recuerdos, de puras idealizaciones, de vida, vida real. Vivo, hace tanto ya, entre amoríos baratos poemas poco gratos, que intentan desesperadamente de entregarme algún consuelo... Lo ilícito se ha vuelto lícito aquí, las cosas han cambiado, ahora requiero de tragos que me hagan sentir eufórica, que me den fuerzas para inventarme una nueva gracia... He perdido, y esto es lo que más lamento, la capacidad de hacer el amor... Me he revolcado en caricias sucias, he permitido que me toqueteen el cuerpo sin rozarme el alma.
Y juro, juro por mí misma (ya que no tengo nada más), que prefiero mil veces las noches vacías entre la cafeína, que esas otras tan manoseadas, sin cariño alguno. Prefiero, y esto es una promesa, quedarme escribiéndole al patetísmo de la soledad, antes que salir a vagar, antes de volver a dejarme besar por una boca brusca y que unas manos ajenas se acomoden patudamente entre mi cintura. 

No quiero escribirle más al amor que no me amó, ni menos dedicarle un par de líneas a el que ni siquiera lo intentó. Prefiero, acostarme con el primero y recordar que algún día fuimos mejores que esto, que revolcarme con cualquiera de los segundos y asegurar que no soy más que un manojo de piel húmeda.
Yo no quiero más orgasmos pobres, no son más que los ruidos insipientes de mi desdicha... Yo no quiero más, abrazar a quien ya ha cumplido su cometido, casi como dándole las gracias al muy asqueroso sin alma que sólo me arrastró hasta una pieza oscura, entre sábanas sin mi olor. Prefiero amar sola a que nadie se halle amando en la cama, prefiero un beso suave en honor al recuerdo, a un golpe en los labios de quien no me llena las ganas de amar.

Estoy cansada, sí agotada, de ver cómo me pierdo en las calles embriagadas.

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