ni puedo retrocederte las arrugas esperando que elijas mejor,
no puedo, con estas manos tan chicas, detener los mil puñados de lágrimas que se te han caído.
Tu espíritu eternamente veinteañero, te reclama errores frente al espejo,
pretende que te abofetees sin lloriquear,
que dejes de doblegar tanta valentía opacada bajo un brazo ajeno.
Le voy temiendo a tu soledad más que tú misma,
es que "la vida no es para estar sola, mi amor"
pero tampoco para ocultar una boca amarga tras la sonrisa.
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